Derek Redmond: la gloria de la derrota

Por Kike Nieto, Corredor de Historias - 06/10/2014
Derek Redmond y su padre, en la semifinal de 400 metros de Barcelona 92

Derek Redmond, a pesar de no ser un gran atleta de talla mundial, ha pasado a la historia por su reacción ante una lesión en las semifinales de los 400 metros de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Su actitud le ha reservado un lugar destacado en la historia de las gestas olímpicas, de esos momentos que hacen al deporte grande y le dan una dimensión humana especial. Es curioso, pero a Derek Redmon la gloria le ha llegado por su derrota, o más bien por cómo se la tomó.

Derek Redmond era un atleta de 400 metros que llegaba en un gran momento de forma a Barcelona 92. Había sido parte del relevo largo británico que el año anterior había vencido al equipo estadounidense en los Mundiales, y era uno de los grandes favoritos para la victoria final. También es cierto que su carrera había estado plagada de lesiones y para entonces ya había pasado 13 veces por el quirófano.

A Barcelona llegaba en un gran estado de forma, pero con la losa de haber tenido que retirarse de los Juegos Olímpicos de Seúl un minuto antes de dar la salida a su serie por una tendinitis que le impedía correr. En los Juegos Olímpicos del 92 pensaba tomarse la revancha, pero las condiciones le fueron muy adversas. Corrió en la primera serie de clasificación sus 400 metros más rápidos de los últimos 4 años; pero en la semifinal, después de un comienzo muy cómodo, de repente se paró en seco y se echó la mano a la parte posterior del muslo derecho. Se puso de rodillas y dos oficiales se acercaron a ayudarle.

Redmond se levantó y trató de seguir corriendo, porque en un primer momento no se había dado cuenta de la gravedad de la situación. Incluso le parecía que podía alcanzar a sus competidores. La realidad era muy diferente, porque realmente su rostro reflejaba un dolor muy intenso y estaba cojeando. Al ver esto, los jueces intentaron que se retirase de la pista. Y en eso momento el otro héroe de esta historia hace su aparición: el padre de Derek Redmond.

Descalificado

En una entrevista, su padre reconoció que a día de hoy no sabe cómo consiguió saltar todos los controles de seguridad y librarse de los árbitros que intentaban retenerle. En sus propias palabras sólo recuerda darle su cámara al entrenador de Derek y a continuación estar en la pista al lado de su hijo, ofreciéndole su ayuda. Le dijo que no pasaba nada, que podía retirarse sin problema. Redmond le contestó que no, que no quería aparecer en la historia de los Juegos Olímpicos como que no había terminado la carrera, un DNF. Entonces su padre le dijo que se apoyase en su hombro, que iban a “terminar esto juntos”.

Los jueces parecían haberles dejado por imposibles, y la imagen de un atleta de élite llorando, apoyado en el hombro de su padre, cojeando durante media vuelta al estadio olímpico puso en pie a los 65.000 espectadores del Estadio Olímpico de Montjuic. Cuando acabó y los médicos se acercaron a ofrecerle asistencia, estaba recibiendo una de las mayores ovaciones de los Juegos Olímpicos. La ironía es que al final aparece como descalificado, porque recibió una ayuda externa, la de su padre.

Después de estos Juegos Olímpicos, tuvo que terminar por retirarse del atletismo, pero se negó a aceptar el juicio médico de que nunca volvería a representar a su país a nivel internacional. Se pasó al baloncesto y logró ser llamado a la selección británica, aunque bien es cierto que el baloncesto es un deporte mucho más minoritario y con menor nivel que en España. También probó suerte en el rugby sevens, aunque no llegó tan alto. Ahora se dedica a dar charlas de motivaciónen el Reino Unido, y la verdad es que es difícil encontrar un mejor ejemplo de superación y lucha en los Juegos Olímpicos.






También puedes ver aquí otro [ vídeo ] de la carrera de Redmond en Barcelona ´92.



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