La vida tras un infarto

Por Francisco Gilo para carreraspopulares.com

LA VIDA TRAS UN INFARTO


Dentro de las enfermedades cardiovasculares, las que afectan a las arterias coronarias son las más frecuentes y engloban desde la angina de pecho hasta el infarto de miocardio.

"El infarto de miocardio es la manifestación más grave de la enfermedad coronaria, pero una vez pasada su fase aguda el pronóstico puede ser muy variable, dependiendo de cada paciente. Si se llevan a cabo correctamente las medidas de prevención secundaria, la gran mayoría de los pacientes puede tener una excelente calidad de vida e incluso superior a la que se tenía antes del infarto, por lo que no es cierto que el temor deba presidir la vida de estas personas". "Después de un infarto la vida sigue, y en muchos casos sin grandes cambios respecto a la previa".

Replanteamiento: La gran mayoría de los que pasan por un infarto (el 70 por ciento de los que lo padecen y el 95 por ciento de los que han sido tratados) puede reincorporarse a su vida normal en un breve margen de tiempo, y precisamente éste es el momento, después de que el organismo haya dado este aviso, en el que el paciente decide bajar de peso, dejar de fumar y adoptar un estilo de vida más saludable.

No obstante, los expertos insisten en la necesidad de no llegar a este punto. Así, la Asociación Americana del Corazón (AHA) insiste en la necesidad de implantar pautas de prevención vascular en asintomáticos. Robert Bonow, presidente de la AHA, recordó que la conjunción de múltiples factores de riesgo aumenta las posibilidades de sufrir un ataque al corazón en un plazo de unos diez años, "y se debe aplicar una terapia agresiva en los sujetos con niveles elevados de triglicéridos, hipertensión y síndrome metabólico".

Uno de los factores de riesgo más discutidos es el estrés, ya que es difícil de cuantificar, "debido a que no existe unanimidad en la valoración de su importancia".

Manejar el estrés: En algunas profesiones el infarto está catalogado como enfermedad laboral por el nivel de estrés que conllevan. No obstante, se considera un factor de riesgo cardiovascular menor y aún se discute su papel en la formación de las placas de ateroma, lesión fundamental en la enfermedad coronaria, pero sí se estima como desencadenante de acontecimientos coronarios a causa de la liberación de adrenalina y otras catecolaminas, que elevan la presión arterial y la frecuencia cardiaca.

Según datos de la Fundación Española del Corazón, existe una relación directa entre el estrés emocional y el aumento de la coagulabilidad sanguínea. Aunque no se pueden evitar las situaciones estresantes, "lo mejor es que cada individuo asuma la responsabilidad de aprender a manejar el estrés" o dicho de otra forma, la deformación que hacemos del estrés (distrés).

Atender a los factores de riesgo, siempre:


Antes del infarto


No fumar. El tabaquismo es el único factor de riesgo coronario que depende exclusivamente de la voluntad de la persona.

La sal aumenta la presión sanguínea sobre las arterias: evitar los alimentos precocinados y deshidratados, aditivos, conservas y frutos secos, salsas envasadas, embutidos. Retirar el salero de la mesa.

Reducir el consumo de alcohol a menos de 30 gramos diarios.

Evitar el soprepeso y realizar ejercicio aeróbico. Hacer ejercicio y bajar kilos de más puede evitar el tratamiento farmacológico. La frecuencia de entrenamiento ideal sería la de 100 pulsaciones por minuto.

Si es necesario, controlar la HTA con fármacos y controlar con un cardiólogo los cambios de medicación.

En líneas generales, el colesterol total debe ser menor a 200 mg/dl y el HDL, superior a 35 mg/dl. Los triglicéridos deben tener valores inferiores a 200 mg/dl. La dieta mediterránea y los fármacos hipolipemiantes (estatinas y fibratos) pueden ser eficaces para reducir los lípidos en sangre.

Controlar la diabetes. La diabetes I y II influye en otros factores de riesgo y también influye directamente sobre las arterias. El riesgo de que un diabético tenga un infarto a los siete años del diagnóstico es tan alto como el de quien ha sufrido ya un infarto.

Las dosis bajas de aspirina pueden prevenir el infarto en personas mayores de 50 años con factores de riesgo, pero siempre se debe consultar al médico.

No olvidar que la enfermedad coronaria es la causa más frecuente de muerte en la mujer.

Después del infarto

Los programas de rehabilitación cardiaca incluyen ejercicio físico y psicoterapia y ayudan al paciente a reincorporarse a la vida cotidiana en las mejores condiciones. Enseñan a comer bien, a relajarse y a dejar de fumar.

Caminar una hora diaria, sin que se produzca dificultad para respirar ni dolor en el pecho.

El primer mes tras el infarto, no conducir ni realizar viajes largos en avión y, por supuesto, no trabajar. Acudir a urgencias ante síntomas nuevos o inexplicables. La vida laboral, el ejercicio y la sexualidad son cuestiones que se deben abordar de forma diferente según cada caso.

En prevención secundaria se deben seguir las mismas pautas que en la primaria, y con mayor control.

Los niveles de presión arterial no deben ser superiores a 135 mm. para la sistólica y 85 para la sistólica. Los fármacos betabloqueantes y los IECA son muy útiles en este sentido.

El colesterol total debe estar por debajo de 200 mg/dl y el LDL por debajo de los 100 mg/dl. Los triglicéridos deben tener cifras inferiores a 150 mg/dl.

Dejar de fumar reduce la tasa de reinfarto y de muerte súbita hasta en un 50 por ciento. Un solo cigarrillo puede provocar vasoconstricción coronaria.

Las técnicas de manejo del estrés y de relajación han demostrado mejorar el pronóstico de los pacientes con infarto de miocardio. No se puede vivir sin estrés, pero es factible aprender a convivir con las situaciones estresantes.

No descuidar los controles y las visitas al cardiólogo, ya que, aunque no haya síntomas, la enfermedad está presente. Nunca se debe suspender el tratamiento por cuenta propia ya que puede haber complicaciones inesperadas.

SOBRE EL AUTOR

Francisco Gilo
Medico


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