La inmunidad del corredor competitivo

Por Francisco

La inmunidad del corredor competitivo


Lo hemos visto siempre y seguirá sucediendo. Después de correr, por ejemplo, un maratón o estar sobreentrenado, a los pocos días, son muchos los corredores que presentan un proceso catarral de vías altas, que si no se trata adecuadamente, a veces se complica.

Los deportistas de competición y algunos “populares” son, en comparación con el resto de la población, superdotados desde un punto de vista físico. Sin embargo, cuentan con un punto débil: su mayor predisposición a sufrir infecciones víricas. Se trata de un problema que, aunque no es de gravedad, suele inhabilitar al deportista para la competición de alto nivel.

Son muchos los factores que influyen en el estado inmunitario del deportista y, por lo tanto, en el riesgo de ser infectados por un virus. Por un lado están el estado de salud del sujeto y su nivel de acondicionamiento físico. Por el otro, la intensidad, la duración y la frecuencia del ejercicio. "De la relación que haya entre estos factores, así como de otros neuroendocrinos y nutricionales, depende el número y la función de los leucocitos, protagonistas del sistema inmunitario".

El riesgo que los deportistas de competición tienen de sufrir infecciones víricas es alto si se compara con el de las personas con unos hábitos sedentarios, pero lo es todavía mayor si se compara con el de los que practican alguna actividad física de forma regular, es decir, con los que realizan lo que se conoce como deporte-salud. Eso se debe a la peculiar evolución del sistema inmunitario durante la práctica de un ejercicio de alta intensidad. Con la realización de un esfuerzo de estas características se produce una redistribución de las células del sistema inmune en los distintos compartimentos, de modo que aparece una leucocitosis que finaliza con ese esfuerzo. Entonces, desciende el número y la función de las células que intervienen en esas tareas de defensa del organismo, "comenzando a producirse lo que se conoce como el fenómeno de open window -ventana abierta-, que es un descenso de la capacidad funcional del sistema inmunitario".

Incluso los esfuerzos leves son capaces de alargar este fenómeno de ventana abierta más allá de las 23 horas al final del periodo de entrenamiento y competición, lo que supone que el riesgo de infección crezca.

Esta ventana se origina por una pérdida de la capacidad de los leucocitos y sus componentes más que por un cambio cuantitativo, que en muchas ocasiones, la evolución y el recuento de estas células evoluciona de forma opuesta.

La reducción de la citotoxicidad de las células NK ( Natural Killer) es una de las principales causas del fenómeno de “open window”, ya que son un tipo de linfocitos con la capacidad de reconocer células infectadas por virus sin previa exposición.

"Todos estos cambios numéricos y funcionales de las células del sistema inmune dependen no sólo de las características del individuo y del esfuerzo, sino también de mecanismos neuroendocrinos. El ejercicio físico provoca un incremento de la actividad del sistema nervioso simpático, con una liberación de catecolaminas al torrente sanguíneo y de neurotransmisores desde las terminaciones nerviosas. Esas catecolaminas son las responsables del paso de los leucocitos a la sangre -leucocitosis inmediata-".

El efecto de las catecolaminas sobre el hipotálamo y la hipófisis favorece la liberación de la hormona ACTH, con la consiguiente síntesis y secreción de cortisol desde la corteza suprarrenal. El cortisol produce un aumento del número de leucocitos en sangre, que es lo que se conoce como leucocitosis tardía. "Esto tiene su origen en un paso de células inmaduras al torrente sanguíneo desde la médula ósea".

Por tanto, conviene decir que, en aquellos corredores en los que por su tendencia a sufrir enfermedades respiratorias como son los catarros de vías altas, bronquitis, sinusitis etc., es el momento de utilizar la vacuna antigripal o anticatarral según los casos. Nos sirve para distinguir un proceso gripal de una posible infección del SARS (Síndrome Agudo Respiratorio Severo).

Y por otra parte, si su entrenamiento es intensivo (preparación de un maratón con la consiguiente sobrecarga, o bien otras competiciones), en momentos puntuales sería aconsejable la toma de algunos productos vitamínicos, y también aquellos que favorecen la eliminación de radicales libres, adecuando el organismo a la nueva temporada., ya que de todos es sabido que, los deportistas de élite sufren una profunda alteración del sistema inmune, una inmunodeficiencia que se traduce en una predisposición a padecer infecciones, que también daña los músculos y el hígado. El sufrimiento muscular y hepático es enorme debido a la liberación de transaminasas y al incremento de productos del sistema inmune que dañan a ambos.

Hoy día, el corredor y cualquier paciente, cuenta con los llamados “estimulantes de las defensas”, que son verdaderos potenciadores de este sistema inmunitario, capaces de mitigar esta alteración y de disminuir los daños hepáticos y musculares asociados al deportista de élite, lo que supone un notable incremento del rendimiento.

Además, la ingesta de estos fármacos no es considerada dopante, ya que no estimula artificialmente, sino que actúa previniendo el daño por inmunodeficiencia a las inflamaciones generales (es, por tanto, un tratamiento preventivo más que terapéutico). Además, otra razón por la que no podrían ser considerados como sustancias dopantes es que disminuyen la autodestrucción.

El único problema existente para la aplicación de los potenciadores del sistema inmune al mundo del deporte de alta competición es que están estructurados y pensados para la población general, por lo que habría que buscar una fase de transición para el deportista de élite. Es decir, habría que adaptar los tiempos y las dosis, algo que ya se ha hecho con algunos destacados deportistas.

Los deportistas de alta competición deberán hacer un balance entre el ejercicio realizado y la comida consumida para sortear los estados carenciales; y los estudiantes, trabajadores con estrés y personas muy competitivas, que están envueltos por una enorme ansiedad debido a la acumulación de trabajo, también deben controlar las vitaminas –los exámenes, oposiciones o las exigencias desmesuradas del mundo laboral generan situaciones de falta de estas sustancias-.

Y volviendo a la Inmunología: Aparentemente, la ingesta energética tiene una influencia considerable en la actividad inmunológica. Las personas desnutridas presentan un mayor riesgo de contraer infecciones. Los regímenes de adelgazamiento de menos de 1.200 kcal al día también pueden hacer disminuir la función inmunológica, lo que constituye una buena razón para evitar las poco saludables dietas milagrosas.

Del mismo modo, el aporte excesivo de energía también puede afectar a la capacidad del sistema inmunológico de combatir las infecciones. La obesidad está ligada a una mayor incidencia de enfermedades infecciosas. Además, las personas obesas son más propensas a desarrollar enfermedades cardiacas coronarias, las cuales están relacionadas con alteraciones de la función inmunológica.

La reducción de las grasas en la dieta es importante para el control del peso, pero también influye en el funcionamiento del sistema inmunológico. Parece ser que las dietas ricas en grasas reducen la respuesta inmunológica, aumentando así el riesgo de infecciones. Por lo tanto, si se reduce el contenido de grasa en la dieta, la actividad inmunológica aumenta.

De esta forma, además de prevenir las infecciones, se podría fortalecer el tipo de células inmunológicas que combaten las células tumorales. No obstante, no es sólo una cuestión de cantidad, también es importante la procedencia de las grasas. Es necesario incluir en la dieta pescado azul, frutos secos, soja o aceite de linaza, para asegurar un aporte equilibrado de diferentes ácidos grasos.

El consumo regular de productos lácteos fermentados como el yogur o el kéfir puede aumentar las defensas inmunológicas intestinales. Algunos estudios recientes sugieren que el yogur elaborado con ciertas bacterias, denominadas bacterias probióticas, puede tener un efecto beneficioso en el sistema inmunológico. Por ejemplo, los voluntarios que comieron a diario este tipo de yogur presentaron una mayor resistencia a los microorganismos que provocan las intoxicaciones alimentarías. Es preciso proseguir las investigaciones en este ámbito. Aunque últimamente parece que se le está quitando algunas propiedades a los pro y prebióticos a nivel intestinal.



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