La prueba de esfuerzo (1)

Por David Calle, director técnico en Gesfiesports y monitor de atletismo en la escuela VGRunning. - 14/09/2014
Los corredores hacen la prueba de esfuerzo sobre un tapiz rodante o cinta

Aunque seguramente muchos de vosotros sabéis cómo es una prueba de esfuerzo, para aquellos que no lo tengan claro vamos a explicar en qué consiste, entendida como prueba con fines deportivos, y más concretamente, para corredores.

Podemos decir que hay dos utilidades para una prueba de esfuerzo:

1-Desde el punto de vista del entrenamiento, pues la prueba nos dirá a qué ritmos debemos correr para trabajar adecuadamente las capacidades aeróbicas y anaeróbicas.

2-Desde el punto de vista médico, pues en la prueba se puede ver el comportamiento de nuestro corazón y sistema respiratorio a distintos niveles de esfuerzo, desde suave hasta máximo. Además también es muy recomendable someterse a una ecocardiografía, para asegurarnos de que nuestro corazón funciona perfectamente y está plenamente capacitado para la práctica deportiva.

Hay dos métodos para realizar pruebas de esfuerzo: en un cicloergómetro y sobre un tapiz rodante. El cicloergómetro es el método que utilizan los ciclistas, y para que nos entendamos, es sobre una bicicleta estática. El tapiz rodante, conocido popularmente como "cinta de correr" es el caso que nos interesa, pues es el método utilizado por corredores.

Antes de subirnos a la cinta el médico deportivo nos preguntará sobre hábitos de vida, antecedentes médicos familiares, nos medirá, pesará y medirá pliegues de la piel para calcular el porcentaje de grasa corporal y también el índice de masa corporal, nos tomará la tensión y la frecuencia cardíaca y nos auscultará.

El resultado de la prueba de esfuerzo puede resulta muy útil para organizar los planes de entrenamiento

Análisis de gases

Después de todo esto, y con electrodos en el torso sujetos por una malla, nos subiremos en el tapiz y nos pondrán una aparatosa máscara para el análisis de gases, que medirá el % de O2 que iremos consumiendo y el de CO2 que iremos expulsando. Cabe decir que existe la opción de hacer la prueba de esfuerzo sin análisis de gases. No lo recomiendo, ya que si nuestra idea es conocer nuestro rendimiento a distintos niveles de esfuerzo, el consumo de oxígeno es un indicador de vital importancia.

También se puede ir más allá, e incluso hacerla con análisis sanguíneo en determinados momentos de la prueba, lo cual implica que nos hagan un pinchacito en la yema de un dedo para coger una pequeña muestra de sangre y poder medir así la acumulación de ácido láctico. De todas formas esto lo hacen los atletas profesionales, los populares, con una prueba con análisis de gases, vamos sobrados.

Con una inclinación en la cinta que normalmente será de un 1% (ni se nota) comenzaremos a correr a un ritmo muy suave, y lo normal será que cada minuto la velocidad se incremente en 1 km/h. La inclinación no se toca. Y así, hasta que el cuerpo aguante. Al principio puede parecer que la máscara molesta, pero luego, cuando nos concentramos cada vez más en mantener el ritmo que impone la cinta, puedo asegurar que uno se olvida de ella. Cuando estemos al límite y no podamos más, haremos una señal al médico para que aminore la velocidad del tapiz rodante progresivamente hasta parar del todo.

Mientras tanto, el aparato que lleva el control electrocardiográfico y el analizador de gases, habrán registrado todos los parámetros acerca de nuestro rendimiento en carrera, pudiendo determinarse así en qué ritmo y pulso se encuentran nuestros distintos umbrales, lo que será útil a la hora de querer hacer un tipo de entrenamiento determinado.

De todas formas la prueba de esfuerzo mide nuestras capacidades de rendimiento en un momento dado, lo cual implica que los valores no serán los mismos, por ejemplo, cuando retornamos a los entrenos después de un descanso que cuando estamos a tope de forma. Los atletas profesionales se hacen una en cada momento y ven los cambios, pero para los populares, con hacernos una cuando estemos a tope de forma es más que de sobra.

Además incluso en temporadas o años distintos, si nos hacemos pruebas de esfuerzo en los momentos en que estamos en mejor forma, los resultados tampoco tienen por qué ser iguales, porque influyen muchísimos factores, como la edad, haber seguido un plan de entrenamiento adecuado o no, el objetivo de carrera que tengamos (no se entrena igual cuando se prepara un 10k que un maratón), etc.

David Calle es director técnico en [ www.gesfiesports.com ] y monitor de atletismo en la escuela [ www.vgrunning.com ]



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