ULTRA TRAIL SERRA DA FREITAS (PORTUGAL)

Por Pardao para carreraspopulares.com - 15/07/2006

Después de la crónica de los 101 de Ronda, y de que mi compañero de club Manolo Perozo haya ganado el Maratón Alpino Madrileño, no sabía qué podría contar de esta prueba, pero como hubo bastante tela, hay mucho que contar. Ahí va:


Aun a pesar de estar fuera de forma y gordo como un sollo, de acuerdo con mi afición – adicción a las carreras extrañas e imposibles, y correspondiendo a la invitación de Fernando Rocha, el fin de semana del 9 de julio acudí al primer Ultra Trail da Serra da Freitas, al sureste de Oporto, organizado por la Confraria Trotamontes como homenaje a Salvio Nora, un cofrade recientemente fallecido, conocido deportista internacional por Portugal como jugador de voleibol y dedicado fundamentalmente a los deportes de montaña durante los últimos años.


La Serra da Freitas forma parte, junto con las sierras de Arestal y Arada del llamado Maciço de la Serra da Gralheira, y es una zona de contrastes entre valles encajonados y altiplanos austeros, con poca vegetación arbórea (debido probablemente a los incendios que vienen asolando Portugal año tras año), con multitud de pequeñas aldeas repartidas por toda la sierra.


Así, el sábado por la mañana salí pitando camino de la Serra da Freitas, a ver qué tal se daba la carrera, con el claro objetivo de acabarla como fuera, visitar a los amigos portugueses que uno se ha ido encontrando en diversas carreras, y hacer una visita a Coimbra, la ciudad universitaria portuguesa.


La visita a Coimbra mereció la pena, como era de prever, pues aunque no pude ver el Jardín Botánico completo (una parte está cerrada los sábados), las catedrales y la universidad son una pasada, y el mercado también es muy curioso; no hay que perderse la vista sobre el río Mondego desde la Universidad.


Después de visitar Coimbra volví a la autopista, con esos conductores a toda pastilla y corriendo como fieras, y ya cerca de Oliveira de Azeméis dejé la autovía en dirección este hacia Vale de Cambra y el Área de campismo de Merujal, de donde partiría la carrera al día siguiente y donde tenía alojamiento para esa noche. Poco antes de llegar, me encontré a Fernando Rocha, Antonio Oliveira y señora, Armando y Fernando Santos, y nos fuimos al camping, montamos las tiendas y nos fuimos a un pueblo allí cerca para cenar y ver el partido entre Alemania y Portugal con la familia de Fátima, la mujer de Fernando Rocha.


Al volver de la cena acudimos a la charla técnica que dio José Moutinho, en la que explicó algunos pormenores del recorrido, con un recorrido circular de 50 km., partiendo hacia el oeste, con 2300 metros de desnivel positivo y salida a 900 m. de altitud. No hay más que una gran subida de 800 y pico metros de desnivel, pero el problema son las continuas subidas y bajadas, que rompen el ritmo de mala manera, obligando a andar y, donde se puede correr, hacerlo con mucho cuidado debido al mal firme. Otra particularidad de esta carrera fue el sistema de control de los participantes, con chips como los utilizados en orientación, de modo que habría que picar en 10 puntos del recorrido, para tener más controlado al personal y evitar extravíos.


Después de toda esta historieta, nos fuimos a dormir y al día siguiente, cometiendo el error funesto de no aplicarme crema protectora para el sol, a las 7 portuguesas, 8 españolas, previa foto conjunta de los 50 participantes que la organización había establecido como tope máximo, se dio la salida, con una temperatura agradable, no fresca, lo que ya sirvió como aviso para lo que se avecinaba.


En un principio salí por delante de mi puesto natural, pero viendo que aquel no era mi grupo, me quedé en el grupo de Célia Azenha, Raposo y otros corredores con los que ya coincidí en la Trans-Estrela del año pasado, y poco a poco fuimos avanzando, corriendo cuando se podía, y andando en el resto.


Al principio atravesamos una zona sin piedra suelta, un altiplano en el que se podía correr, y en la que la señalización era suficiente, llegando a Vidoeiro en el kilómetro 6, desde donde empezaba el descenso hasta Tebilhão. A la salida de esta aldea la carrera discurrió por una calleja llamada Trilho do Carteiro, a la que vertían con abundancia las aguas de los manantiales (no sé yo si habría también aguas residuales, pero en cualquier caso, pocas serían y poco contaminadas; de todos modos, pobre el cartero que tuviera que ir por allí cargando con la saca y mojándose las canillas).


Si hasta ese momento la carrera había discurrido por un paisaje verde y húmedo, sobre el km. 13 alcanzamos las denominadas Portas do Inferno y entramos en el Reino do Diabo: Lo que hasta entonces era un paisaje espléndido se transformó en un paisaje desolador, la montaña carece de vegetación y es una escombrera con restos procedentes de minas de wolframio, bajando por una vereda hecha en las paredes de la montaña, hay que bajar por unos escalones de piedras y con plenas garantías de considerable bofetón si te caes hacia el lado derecho, de manera que, o te orillas a la izquierda, o bajas andando... o las dos cosas.


Después de atravesar esta zona llegamos a Río do Frades, una aldea en el km. 14.9, ya a mucha menor altura y con un paisaje más acogedor. Allí, en el que era tercer control de chips, me quedé un poco por detrás del grupo y los perdí de vista, no porque fueran mucho más rápido, sino porque se confundieron a la salida, y tardaron unos cuantos kilómetros en pillarme, sobre todo porque enganché un buen tramo de asfalto, casi el único que había en toda la carrera y empecé a correr, rápido pero guardando fuerzas, para abajo.


Realmente, no supe si los otros iban por delante hasta que en un cruce me encontré con Fernando Rocha y otro miembro de la organización que iban con un moto-4 (un quad, para que nos entendamos).


Una vez que Célia, António Santos, del Cucujães, y otro corredor me pillaron poco después de pasar el río Paivô em Covelo, alcanzamos el 4º control, en Covelo, km. 20, y comenzamos a subir desde los trescientos y pocos metros hasta los ochocientos y muchos, que se alcanzaron en el km. 25. En este tramo el corredor del Cucujães se me fue, y se quedaron atrás Célia y el otro corredor, José Carlos Pereira, del Santander / Totta.


Desde allí, nueva bajadita, una vez más, y llegamos a Póvoa das Leiras, otra aldea de las que había a lo largo del recorrido, para volver a subir otra vez más sierras. En este tramo hubo un momento en que tenía por delante a Luis Leite, el webmaster de la página de la Confraria, como a 4 minutos, al corredor del Cucujães todavía a la vista, pero ya a 6 o 7 minutos y subiendo, y por detrás a Célia y José Pereira.


Estas posiciones las mantuvimos durante el paso por el denominado Trilho dos Incas, un sendero para tener mucho cuidado y que bordea una vaguada realmente bonita. Poco más adelante llegamos por el sendero PR 2 a la aldea de Fraguinha, más o menos sobre el km. 29, donde había un nuevo control, y desde allí continuamos primero junto a una canalización que lleva el agua hasta la aldea y después junto a un río. De este tramo guardo 5 recuerdos: vaya 5 arañazos que me llevé en la pierna izquierda con las matas; también hay alguno en la derecha, pero los de la izquierda son de los buenos, buenos.


Poco después de pasar el embalse de Fraguinha, un pantanito pequeño en la falda de la sierra, llegué al control situado en el Parque de Fraguinha; allí estaba Luis Leite, que salió un poco antes que yo, y al que pasé antes de llegar a un tramo de carretera, en el punto más alto del recorrido, casi 1100 metros en el kilómetro 31, muy cerca de unas torres eólicas. Desde allí empezaba una nueva bajada por un camino con mucha piedra suelta en la que alcancé a otros dos corredores, antes de llegar a la bocamina de Minas de Chãs; esta bajada, con sus repechos por medio, tenía del orden de 5 kilómetros, atravesando Sabugueiro y llegando, de nuevo solo, por la calzada romana hasta Bondança, en el 37. Allí había otro control y avituallamiento, y me dijeron que el corredor que me precedía me llevaba sobre 10 minutos, demasiado tiempo ya para pensar en pillarlo.


En Bondança empezaba otra nueva gran subida, con otros casi 300 metros de desnivel, durante la cual se atravesaban Gestosinho y Gestoso, pero en esta segunda aldea me confundí, no seguí la calzada romana y tomé una salida equivocada. Esta salida me llevó hacia un cruce de carreteras, cogiendo una que me alejaba más aún; volví atrás y cogí la carretera que, a pesar de no ser correcta, sí que me llevaba hasta el control, pero por un camino mucho más largo.


En estas penurias estaba, solo, en una solanera que pa qué, en una carretera entre Aldeaperdida y Diossabedonde, cuando aparecieron Fernando y otro compañero en un quad, me aclararon el error y me llevaron hasta el siguiente control. Aviso: montado en la aleta izquierda de un quad no se viaja nada bien, y tomar en esas condiciones las curvas a la derecha de una carretera de montaña no es una sensación muy agradable.


Con esta confusión ya no veía nada claro el bajar de 7h30, lo que me habría permitido entrar dentro del control, que en principio estaba previsto para las 3 de la tarde, 4 españolas, cuando se cumplieran las 8 horas de carrera, y además llevaba los hombros y el cuello enrojecidos (vamos, que parecía un alemán en Mallorca). Cuando me bajé del quad y arranqué de nuevo a correr en dirección a Castanheira, me hice el firme propósito de hacer caso a las recomendaciones y estar muy atento a las cintas indicadoras, pero entre las casi 7 horas de esfuerzo, que con la calorina que hacía no se piensa igual y que la señalización no era suficiente, en algún momento me extravié y cogí por una entrada distinta, por la carretera de entrada al pueblo.


Este error realmente no tuvo gran trascendencia porque pregunté en una casa y me indicaron donde estaba el control, desde el que salí con unas tremendas ganas de acabar; mucho calor, cansancio… mal, mal. A la salida de Castanheira la carretera seguía por unas parcelas sembradas de maíz y llegaba hasta un camino. En este camino nuevamente me despisté: yo llegué allí y no ví nada, ninguna señal: Primero cogí a la izquierda, mirando las huellas que había en el suelo, después las perdí y volví para atrás cogiendo a la derecha, como desaparecían volví a tirar hacia la izquierda y cuando al rato estaba claro que no iba a ninguna parte y volvía en dirección al último punto seguro para sentarme en una sombra a esperar al siguiente corredor, si es que aparecía alguno, ví un trozo de cinta en una pared, cerca de la vereda que había llevado desde que salí de Castanheira: entre que la cinta era pequeña y que se habría volado o la habían movido, no la había visto antes. Terrible.


A esas alturas ya no entraba en el control de ninguna manera, pero ya no quería más que llegar y acabar. Subí la cuesta, supongo que no llegaría a 100 metros de desnivel, como Dios me dio a entender, y ya ví el siguiente pueblo, Cabaços: no había pérdida, había que ir allí, así que bajé un poco hasta el arroyo que había delante, subí la enésima cuesta (nada, una rampa como tantas otras, pero ya no estaba para nada) y entré en el pueblo. Yo creía que faltaba menos para la meta, pero cuando llego y veo el cartel indicando que todavía faltaban 3 kilómetros para llegar, vamos, me lo tomé de bien…no echaba pestes ni ná…, ná…


Afortunadamente después de Cabaços ya había presencia humana, que no era poco para lo sumamente mal que lo estaba pasando, y es que allí cerca hay un río donde acuden campistas y demás a bañarse o a comer el domingo a la sombra de los robles, de manera que, mira, ya ves que estás cerca, el que te ve pasando fatigas, achicharrado y pasándolas canutas, muchas veces te dice algo, o, si no te lo dice, te mira con cierta admiración… vamos, que ya es otra cosa; además, habiendo gente uno se obliga a correr aunque sea a 8’/km, de manera que el tramo entre Cabaços y Mizarela se hizo más llevadero.


Al poco de pasar Mizarela empezó un sendero que conducía al camping de Merujal, salida y meta del Ultra – Trail, y cuando me ví cerca del camping, con el público aplaudiendo, gritando… buah, como loco, emocionado, agotado con toda la tralla que llevaba de todo el día… impresionante. Ni sé como fiché, entré en meta y ni recogí la bolsa ni nada, no sé si fue la sensación de haber acabado, el puro agotamiento físico y psicológico, el cambio de temperatura al pasar a una sombra, no sé, algo, pero dejé de sentirme bien, y me tumbé en suelo con las piernas en alto, no podía con mi alma.


Allí me dieron dos o tres botellas de agua fresca, me eché más agua y pude levantarme. Como os podéis imaginar, ni hablar de parar cronómetros ni nada de eso: viendo la clasificación he sabido que entré en el puesto 29 sobre 50 inscritos con 8h27’44”, obviamente primer español, y único, claro. Hice más de 8 horas, pero bueno, no pasa nada, acertadamente el control no se cerró porque en ese tiempo no entró ni la mitad de los participantes, de modo que daba igual el tiempo que se hiciese.


Afortunadamente, en cuanto me levanté y me duché me encontré infinitamente mejor, ya medio era persona, y después del masaje, bueno, como para empezar de nuevo… En fin, que siguieron llegando corredores y en cuanto llegó Célia, la tercera clasificada, viendo las prisas que teníamos todos los llegados desde lejos, Moutinho decidió entregar los premios, así que recogí mi trofeo, me hice las fotos de rigor y me despedí de los amigos con los que pasé estos dos días de carrera – barbaridad.


Como resumen, hay que señalar que esta carrera cuenta con un enorme potencial al constituirse como la más dura carrera de montaña de Portugal. Obviamente, como sabe la organización, hay detalles a cuidar. El principal, sin duda, es mejorar la señalización al objeto de evitar que la mayoría de los participantes, en uno u otro punto, se extravíen. Otros de los posibles aspectos a mejorar son el de la seguridad, para que haya posibilidad de evacuar a algún posible accidentado en los puntos más peligrosos, y el adelantar el horario para no acabar tan tarde; con media hora o una hora puede haber suficiente si se colocan unas luces químicas como las de Ronda.


Un aspecto que me ha gustado mucho, y que no tocaría (salvo para quitar el trozo de asfalto si fuese posible, y creo que no lo es), es el recorrido. Hay zonas muy áridas, hay muchísima piedra suelta, hay cuestas hasta decir basta, zonas peligrosas, zonas donde se corre con el agua colándose en las zapatillas, pero todos sabemos a lo que vamos, esto no es ningún cumpleaños, a todos nos gusta la dureza, y esta carrera la tiene, y mucha.


Las posibles carencias apreciadas están más que justificadas considerando que esta carrera se ha preparado en muy poco tiempo y por un reducido grupo de personas, al que hay que agradecer el enorme esfuerzo desarrollado, habiendo conseguido organizar una carrera muy recomendable, marcando un hito en las carreras de montaña en Portugal.


Como todos los aspectos que señalé anteriormente se pueden mejorar contando con tiempo y medios, y no me cabe duda de que la organización los va a mejorar, merece la pena que incluyamos esta carrera en nuestros calendarios de montaña para años sucesivos.


A este respecto, se puede encontrar toda la información sobre la carrera en su más que destacable [ página web ] muy completa y con muchas fotos del recorrido, posibilidad de descargar tracks, etc.


Finalmente, no me queda sino dar las gracias a todo el personal de la organización y a los compañeros corredores portugueses y sus familias, y manifestarles que les esperamos en la próxima edición de nuestra maratón de Badajoz.


¡Esto es todo, amigos!



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