La rodilla

Por Francisco Gilo para carreraspopulares.com

La propiocepción de la articulación de la rodilla


Errores en el rendimiento motor de atletas ocurren mas frecuentemente durante la fatiga, pero no se conoce si esto es consecuencia de una función propioceptiva deteriorada, o de otros factores. La fatiga puede reducir las señales aferentes propioceptivas de los mecanorreceptores en y alrededor del músculo y hacer la rodilla menos sensible potenciando la fuerza perjudicial.

La propiocepción es el sistema por medio del cual el individuo percibe la posición y el movimiento de los diferentes segmentos corporales.

No podemos hablar de estabilidad articular, sin hacer la distinción entre estabilidad activa y estabilidad pasiva de la articulación.

La estabilidad activa, nos vendrá dada por el sistema músculo-tendinoso, que gracias a la contracción sinérgica de grupos musculares agonistas y antagonistas y a su perfecta sincronización provocan lo que podríamos denominar bloqueo dinámico de la articulación, ya que esta protección se realiza de una manera dinámica en todo el recorrido articular gracias a la sincronización de contracciones musculares que se ponen en evidencia como respuestas propioceptivas.

Para poderse realizar esta función es necesario que se cumplan una serie de requisitos y que todos ellos funcionen al unísono, ya que el fallo de cualquiera de ellos no permitirá que se proteja la articulación. Los requisitos serán tales como: la fuerza muscular, la velocidad de contracción muscular, la compensación de grupos musculares agonistas y antagonistas y la propiocepción, básicamente.

Cuando por el motivo que sea el sistema músculo-tendinoso no ha sido capaz de dar la protección adecuada a la articulación, será el sistema cápsulo-ligamentoso quien de una forma pasiva (aunque no es pasiva totalmente ya que a nivel del ligamento los sensores propioceptivos se pondrán de manifiesto iniciando lo que será la respuesta propioceptiva), estabilizará la articulación.

El sistema cápsulo-ligamentoso protege las articulaciones delante de la movilidad normal según unas fuerzas físicas que siguen los parámetros del organismo humano.

La rodilla no es simplemente una articulación en bisagra, para extender y flexionar, también puede girar libremente con un movimiento rotatorio cuando está doblada. Este movimiento rotatorio acompaña automáticamente a los movimientos de doblar y enderezar. Así, cuando estamos sentados, podemos girar los pies hacia adentro o afuera sin levantar los talones del suelo.

Al correr sobre superficie deslizante o barro, el pie puede resbalar, girando la pierna hacia afuera y forzando el lado interno de la rodilla. El ligamento puede sufrir una ligera distensión o una pequeña rotura en sus fibras y ello se considera una lesión leve o menor, pues dicho ligamento va a recuperarse simplemente con el reposo o el descanso activo, vendada convenientemente la rodilla.

Un aspecto muy importante para mantener fuerte la rodilla es trabajar la propiocepción, esto es, la seguridad de respuesta ligamentosa ante cualquier torcedura inesperada. El método que más se aconseja se realiza a pata coja, con la pierna semiflexionada, y permaneciendo entre treinta segundos y dos minutos con distintas posiciones de apoyo del pie: sobre puntera, sobre talón o sobre los laterales interno o externo. Estos ejercicios también pueden hacerse en camita elástica (cama de un metro de diámetro, forma circular, y la inestabilidad -y por tanto la información propioceptiva- controlada es mucho mayor). El refuerzo ligamentoso está garantizado. Por último, hacer mención al uso desmesurado de rodilleras como prevención. No es útil la rodillera más allá de los 8 o 10 diez días desde que ocurriera un traumatismo; por desgracia se usa como norma durante meses porque da más seguridad al usuario. Pero también conduce a una importante pérdida de masa muscular e inseguridad ligamentaria a la larga, cuando queramos correr sin ella. Por tanto, interesante el uso pero no el abuso

SOBRE EL AUTOR

Francisco Gilo
Medico



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