EL IMPERDIBLE (2ª parte)

Por Scop para carreraspopulares.com - 18/12/2010

[ Acceso a 1ª Parte ]

Aunque tú no seas de esas personas que olvidan llevar su ración de imperdibles ni el kit completo de supervivencia “Comansi” en la bolsa, puede que te interese una ligera introducción básica sobre su mecánica de instalación y uso, ya que por su corta extensión no puedo llamar Manuel de Usuario a las mínimas recomendaciones protocolarias que expongo a continuación:


La adquisición

Conviene acudir a tiendas especializadas, para estos menesteres parece ser que lo adecuado es entrar en una mercería. Allí no se debe intentar explicar al dependiente o dependienta la futura utilidad del instrumento a adquirir ya que podrían tratarte como si estuvieses mal de la cabeza o intentar venderte, ya que estamos puestos, una tricotosa si el hábil empleado tiene muy desarrollado su espíritu comercial o si lleva comisión por las ventas que, para el caso, viene a ser lo mismo.

Uno entra con paso decidido, pide la vez y cuando le toque dice en voz baja para que no se entere nadie más: “Hola buenas, quería cuarto y mitad de imperdibles”; lo que ocurra a continuación bien podría ser objeto de tratarse en un manual independiente, pero lo principal es mantener la calma aparentando cierta seguridad y dominio del entorno o, en su defecto, mundología.

“Sí, me ha oído bien, he dicho imperdibles, ¿que pasa, es que no tienen?”.


El tamaño

Este es un aspecto importante a tener en cuenta; gracias a la creciente mecanización de los procesos productivos la fabricación de imperdibles está alcanzando extremos nunca antes imaginados. Procuremos adquirir imperdibles sencillos y económicos; no es necesario que sean de tamaño industrial ni apropiados para sujetar portaaviones, recuerda sobre todo que debes poder ver por donde corres para no tropezar y caer, en cuyo caso podrías llegar a clavarte tus propios imperdibles y acabar como el pobrecito de San Andrés.

Un modelo de imperdible sencillo, de unos dos o tres centímetros de longitud, es más que suficiente en la mayoría de las ocasiones.


El peso

Aunque no lo parezca también es un parámetro significativo que debe tenerse en cuenta; llevar imperdibles de varias toneladas pinchados en la camiseta podría dificultarte bastante la carrera a pie, hasta el punto de llegar a cansarte más de la cuenta y hacerte aborrecer esto del running y la vida sana antes de lo previsto.

Así pues, mesura, proporcionalidad.


La cantidad

Un imperdible parece poco para cumplir dignamente la función encomendada; entonces ¿cuántos se necesitan, dos, tres, cuatrocientos?, ¿cuántos imperdibles hacen falta para sujetar dignamente un dorsal?; bien, esa es una buena pregunta y la respuesta correcta dependerá mayormente de la habilidad del colocador, del tamaño del dorsal y de la cantidad de ropa disponible.

Si eres hombre y te los pones siguiendo tu instinto natural normalmente no te harán falta más de veintisiete, si bien corres el riesgo de que no se vea bien el número al terminar la operación

En estos casos la experiencia también es un grado, en cuanto hayas participado en seis o setecientas carreras populares sabrás cuantos necesitas en tu caso particular.

La colocación

Exígese cierta coordinación cerebral; por ejemplo, si el dorsal se coloca del revés o por dentro de la camiseta se dificultará sobremanera que el guarismo pueda ser observado, quedándose el personal con la duda de si quién el portador es Martín Fiz o un servidor; por poner un ejemplo, porque podríamos poner otros similares.

Igualmente, debe tenerse en cuenta lo siguiente: no es lo mismo ponerlo en la parte delantera de la camiseta que del pantalón (donde el riesgo de sufrir pinchazos muy dolorosos aumenta exponencialmente) o colgando de los calcetines, sobre todo porque hay personas que corren sin ellos, quiero decir sin calcetines no sin pantalones aunque también los hay; prenderles el dorsal en las pelotas o en los tobillos podría devenir en episodios dolorosos necesitados de largos períodos de recuperación.

Aunque no lo parezca también influye bastante la prenda sobre la que se pretenda pinchar el afilado artilugio de Mr. Hunt; por ejemplo, no es conveniente ponerlos en la sudadera o el chándal ya que probablemente correremos sin esa prenda y se quedarían en el guardarropa compuestos y sin novia.

Por último, si la prenda responde a los llamados tops femeninos, conviene saber que la parte ventral es de piel auténtica y no tejido transparente; así pues mucho cuidado donde se hinca el producto puesto que, aunque parezca raro en estos tiempos, todavía queda corredoras que no comulgan con la moda del piercing y podrían arrearte un merecido sopapo.

En el momento del acto supremo tampoco es conveniente fijarse en demasía en las dos mesetas o protuberancias carnosas que se adivinan debajo del mencionado top; sin que dependa de la portadora ni de su cadena genética, ¡no se deben pinchar bajo ningñin concepto!, no se trata de globitos de una fiesta de cumpleaños; ¡si se pinchan les duele! y la torta podría ser de pronóstico reservado.

Así pues, inspecciónese adecuada, visual y furtivamente el lugar elegido antes de poner las banderillas.


La seguridad

Parece ser que una de las gracias del invento es el cabezal protector que, como todo el mundo sabe, se ha incorporado al mismo para impedir los alfilerazos o pinchazos dactilares.

Bien, pues afirmo que se trata de un nuevo bulo más al que no deberíamos prestar excesiva atención, ya que uno siempre acaba pinchándose las yemas de los dedos, cuando no cosas peores, y exhalando improperios, irreproducibles en este tipo de escritos, durante la manipulación de los imperdibles; por lo que se exhorta a los futuros usuarios a seguir las recomendaciones publicadas por la ASST de Nueva Jersey (Academia Superior de Seguridad Textil) en el lejano 1914, que de esto sabe mucho, hasta que se adquiera destreza o maña suficiente en el manejo de tan peligrosos objetos o se disponga de alternativas.

En casos de manifiesta incompatibilidad con los imperdibles se recomienda acudir a personas especializadas, se me ocurren costureras, modistas o similares, que podrían ser contratadas a destajo para desarrollar estos menesteres, siquiera en las carreras mejor organizadas.

No es conveniente fiarse ciegamente, por el peligro que entraña otorgar a ciegas tales confianzas, de los compañeros de competición y menos por ahorrarse unos euros; en la medida en que se profesionaliza el entorno, el riesgo de sufrir algún percance serio aumenta, bien sea por envidia o por el afán ganador del altruista ayudante.

Si voluntariamente decides dejarte ayudar por competidores más bajitos que tú la cosa puede salirte cara y el disgusto podría acabar directamente en el juzgado de guardia correspondiente al lugar de los hechos.

Aunque se está analizando la necesidad, por aquello de que los tiempos avanzan que es una barbaridad, no se considera necesario por el momento la obtención de certificados digitales de seguridad.


La instalación:

Tras el aprovisionamiento material y un somero análisis de sus principales características pasamos a la fase de instalación.

Algo que a priori podría parecer sencillo a un profano, pero que, las más de las veces, sobre todo si se trata de corredores varones, suele precisar de la ayuda desinteresada de alguna persona cercana, familiar o no; generalmente será mucho mejor si el ayudante elegido es del género femenino; dejando de lado otras muchas habilidades, las chicas están dotadas de grandes dosis de paciencia; paciencia que no funciona en determinados casos, como cuando se trata de decidir donde pasaremos las próximas vacaciones, ahí puede armarse la de Troya, pero que puede valernos durante el proceso de instalación, evitando males mayores.

La complejidad de su instalación adquiere mayor enjundia cuanto más cercano esté el momento de dar la salida; se han dado casos en los que el corredor echa a correr llevándose colgada y a rastras a la infeliz ayudante cuando intentaba ponerle el dorsal; más de uno se ha apartado pensando que se acercaba una ambulancia en servicio urgente.

Una vez convenientemente asimilados los conceptos anteriores estaremos en condiciones de acometer la parte trascendental del proceso; deberemos poner especial cuidado para no pincharnos un pezón o ambos pezones, al menos durante las primeras instalaciones.

Aunque haya corredores faquires que soporten bien el dolor por tener ese umbral elevado, no es plato de buen gusto ver a algunos sangrando abundantemente a esa altura del cuerpo; luego le echan la culpa al rozamiento o a la falta de vaselina, pero a mi no me engañan. Más cuidado señores y señoras.

Así que debe procederse con especial mimo y cuidado con este tipo de maniobras, sobre todo si se trata realizarlas sobre uno mismo; huyamos de las prisas de última hora que siempre son malas consejeras y pongámonos los dorsales la noche anterior si es posible.

Una muy buena opción es buscar las 4 esquinitas del dorsal; nada de poner uno en el centro y los que me sobren los llevo en la boca por si luego me hacen falta. Ni uno arriba y otro abajo, ni los dos en el mismo lado del dorsal, porque luego éste aletea durante la marcha y resulta en molestias auditivas y empeoramiento de los tiempos.

Hay que prestar atención a pillar dorsal y tejido en cantidad suficiente y equitativa; salvo que se tenga experiencia demostrable no se recomienda dar un pellizco muy grande al iniciar la operación para no incluir parte de tejido epitelial en la misma, ya que suele producir un dolor lacerante e intenso que no remite hasta que se desengancha de nuevo el artilugio. Y en determinadas ocasiones hay que hacerse cuarenta y tantos kilómetros antes de poder quitarse el dorsal... ¡es mucho tiempo sufriendo!.

La desinstalación

Acabada la prueba puede ocurrir que veas acercarse a alguien de la organización con un rotulador en mano dirigiéndose amenazadoramente hacia ti; tranquilo, calma, no eches de nuevo a correr dominado por el pánico, solamente quiere marcarte el dorsal para que puedas recibir tu bolsa de corredor.

Tras lo anterior hay que afrontar con valor y determinación el momento de quitarse los imperdibles; se ruega paciencia y rigor; el pulso puede estar alterado, los sentidos disminuidos y las fuerzas a punto de evaporarse, pero mucho tiento porque ¡los ojos son para toda la vida!.

No conviene jugar con ciertas cosas y mucho menos si pinchan. Además esto no es como cuando te quitaron aquellos puntos cuando eras pequeño y te pillaste el dedo con la puerta de la cocina, tranquilo que salvo manipulación incorrecta no suele doler.

Te recomiendo que si puedes esperar un poquito lo hagas; a lo mejor aparece la persona que te ayudó a ponértelos y se ofrece también a quitártelos si no es de las que te llevaste arrastrando.

Nada de arrancarte el dorsal a lo bruto, como si fuera una espinilla, lo de abajo probablemente sea una valiosa camiseta técnica orgullosamente ganada en alguna carrera anterior y además puedes guardar el dorsal cesante si es que eres coleccionista.

Además, si no tienes paciencia suficiente podrías hacerte un estropicio suponiendo una instalación previa incorrecta.

Tampoco tires los imperdibles, y mucho menos al suelo, porque hay corredores que se quitan las zapatillas al terminar para refrescarse los pies; guárdalos, admiten varios usos, aunque los imperdibles sean baratos de reponer han recorrido contigo un montón de kilómetros y seguramente os habréis cogido cariño.

Ahora que están separados del dorsal y exhaustos del esfuerzo es el momento indicado para demostrarles la debida gratitud, limpiándolos y guardándolos de nuevo en la bolsa hasta una próxima ocasión.


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