|
4. Latente: 4. Latente: Esta etapa, se extiende desde aproximadamente el kilómetro 24 hasta lo que se ha venido en llamar "el muro", aproximadamente el kilómetro 32. Es en este momento, cuando puedo decir que comienza el Maratón: hasta ahora, nuestra euforia, en primer lugar, y nuestro perfecto estado físico, posteriormente, no nos han permitido captar la verdadera dureza de la prueba; pero, a partir de este momento, una vez que ya comenzamos a sentir el peso de la carrera (las piernas empiezan a sentirse cansadas, ya no apetece seguir corriendo, etc.), es cuando vamos a empezar a sufrir física y mentalmente. Sin embargo, el verdadero sufrimiento psicológico está aún por llegar; en esta etapa, mientras tanto, se empiezan a larvar pensamientos que, más tarde, cuando físicamente estemos muy cansados, van a pasearse una y otra vez por nuestra cabeza de manera continuada, provocando, si no estamos preparados, unos efectos devastadores. Durante
este período de tiempo, es cuando uno empieza a preguntarse si va a
llegar a meta, es cuando empezamos a fijarnos, no en el camino que
llevamos recorrido, sino en el que nos queda por recorrer, es cuando, en
definitiva, empezamos a angustiarnos y hasta decaernos, porque, ya, lo único
que queremos es "¡ACABAR de una santa vez!".
|
|

|
Es,
pues, una etapa de gestación que (aunque
aparentemente pasa desapercibida), desde mi punto
de vista es la más importante, ya que, si durante
este espacio de tiempo logramos controlar nuestros
pensamientos y analizamos objetivamente todo lo
que le ocurre a nuestro organismo, posteriormente
(cuando las sensaciones físicas sean más
desagradables), afrontaremos nuestro agotamiento
en mejores condiciones. Por ello, y como sé con
certeza que durante estos kilómetros, van a
empezar a dolernos las piernas, nuestro ritmo va a
ser más cansino, las ganas de correr van a
empezar a desaparecer y nuestra mente ya no va a
estar tan despejada, debo hacer constar que
nuestra concienciación debe ser, aún si cabe,
mucho mayor. Ahora es cuando deben empezar a
aflorar los pensamientos positivos que hemos
preparado para este momento. En este aspecto hay
una cosa clara, si antes de la prueba hemos
previsto este cansancio, ahora, |
|
|
cuando
llegue, vamos a afrontarlo con verdaderas garantías, ya
que nuestras cogniciones van a ser del estilo "esto
ya me lo esperaba", "es normal este dolor, llevo
muchos kilómetros corriendo", "forma parte de
la carrera", etc., y no las que normalmente aparecen
cuando uno no está preparado ("me duelen las
piernas", "no me quedan fuerzas",
"estoy muy cansado y todavía me quedan muchos kilómetros",
"no voy a llegar", etc.). La diferencia entre
unos pensamientos y otros es tal, que, si en este tramo
aplicamos los primeros, nuestro sufrimiento final va a ser
mucho menor (incluso puede ser inexistente) y se va a
limitar, exclusivamente, a nuestro dolo físico (que, por
cierto, no es poco). Respecto a esta etapa, tengo una anécdota que me recuerdan los dos errores más importantes que cometí en mi primer maratón:
a.- ir a un ritmo más fuerte del que mi estado físico me permitía.
b.- interpretar erróneamente las sensaciones corporales que pasaban por mi cuerpo en cada momento.
El hecho fue que durante mi primer maratón (año 1995), tras haber recorrido unos 25 kilómetros, en los que había ido más deprisa de lo que realmente podía (primer error), llevado, por un lado, por mi "invencible" fortaleza física, por otro, por el desconocimiento de la prueba y, por último, por mi inexperiencia, empecé a notar, como es normal en todos los corredores, un enorme cansancio de piernas, lo que yo interpreté (segundo error) como un signo de un inmediato calambre. Pues bien, y a pesar de que no me dio ningún calambre, desde ese instante hasta el final de la prueba, lo único que pasaba por mi cabeza eran pensamientos continuos que me recordaban lo enormemente cansado que estaba y las pocas ganas que tenía de correr ("ya no puedo más", "que hago yo aquí"). El resultado final fue, que llegué a meta (gracias a que pude acoplarme a un grupo de corredores que iban dirigidos por un guía que había puesto la organización) en un pésimo estado físico, y en un estado mental desastroso. Al año siguiente
(en 1996), cuando me conciencié de que debía ir siempre a mi ritmo y que este cansancio me iba a sobrevenir, lo único que pasaba por mi cabeza eran pensamientos continuos que pedían con deseo que llegarán los kilómetros, |
|
|

|
es decir, esperaba cada kilómetro con anhelo, ya que de esta forma podía demostrar mi fenomenal estado físico. Evidentemente, en este caso, la llegada a meta fue muy diferente, acabando, para un corredor como soy yo (no he bajado en ninguno de los cuatro maratones que he disputado de las 4 horas y 15 minutos, lo que supone ir a 6 minutos el kilómetro), a un ritmo bastante fuerte (en concreto, a 5 minutos el kilómetro), registrando un mejor tiempo en la segunda media maratón.
5.
El Sufrimiento 5. Llegamos a la última etapa, la del Sufrimiento (agonía, ansiedad, etc.): se prolonga desde, aproximadamente, el kilómetro 32 hasta el final de la prueba. |
|
|
Esta etapa es la que nos pasa factura si hemos sido excesivamente osados. Si ya de por sí, yendo físicamente bien, mentalmente vamos a estar muy cansados por la prueba (no obstante, llevamos unas 3 horas corriendo), no es necesario imaginarse lo que ocurre cuando físicamente estamos mal y no hemos previsto dicho cansancio. Durante este período de tiempo, lo único que vamos a desear es acabar y ni los aplausos generosos de la gente, ni nuestro estado físico nos van a ayudar a retirar de nuestra cabeza, estos pensamientos. En este aspecto, la agonía es tal, que, una persona cualquiera que todavía no haya corrido ningún maratón, no se explica el hecho de que cuando tan solo te quedan dos kilómetros para terminar (¡después de haber recorrido 40!)dejes de correr y te pongas a andar, y, es que, para la mente de un corredor no preparado para la ocasión, que lleva corriendo 4 horas, esos últimos 2 kilómetros, no son otra cosa que 2.000 metros y 2.000 metros son, aproximadamente, unos 2.000 pasos, lo que supone una
barrera imposible de superar en ese momento, para cualquier persona que llegue en esas condiciones.x |
|
|

|
La concienciación para la prueba va a impedir que estos pensamientos sean tan negativos, ya que al estar mentalizados, vamos a prever su llegada y, por tanto, vamos a saber, por lo menos, mitigarlos. Nuestro objetivo es, pues, que al llegar al kilómetro 40 (ó 39 ó 38) sólo pensemos en ir a por el siguiente kilómetro, sin obcecarnos ni angustiarnos por llegar a meta, defecto, que es muy común en numerosísimos corredores, quienes creen que en el kilómetro 34 (porque sólo queden 8), ya han terminado la prueba, sin concebir el hecho de que ahora cada kilómetro se multiplica mentalmente por 2, y, que, ni nuestros pensamientos ni nuestro estado físico son los del principio, sino que son radicalmente opuestos ("no puedo más", "quien me manda a mí meterme en estos sufrimientos", "estoy harto de correr", "no vuelvo a correr el maratón", etc.). |
|
|
Anecdótico fue el hecho que le ocurrió a un amigo mío en su primer maratón: al terminar la prueba, al ser preguntado por sus amigos que tal le había ido, él contestó que su peor momento lo pasó cuando tuvo que pasar por "el kilómetro del empedrado", refiriéndose a los apenas 100 metros de empedrado existente justo enfrente del Museo del Prado. Esta respuesta da muestra de la forma que tiene de ver las cosas un corredor popular de maratón cuando lleva recorridos 40 kilómetros.
|
|
|