Aprender de las lesiones

Por Francisco Gilo para carreraspopulares.com

La frase tan empleada "más vale prevenir que curar", nunca perderá su vigencia. Todos los deportistas son conscientes de la gran cantidad de lesiones que produce el ejercicio de su deporte favorito. La población que realiza deporte padece muchas mas intervenciones quirúrgicas (rodilla, pié, etc.), muchas más inmovilizaciones con yeso, vendajes rígidos, etc., y lo que es más importante, muchos sufrirán lesiones que les dejarán secuelas para toda su vida. Este enfoque así de crudo no quiere bajo ningún concepto decir que mejor no hacer deporte. Todo lo contrario, lo que quiero establecer es que realizar una actividad deportiva debe llevar implícito unos conocimientos, unos cuidados y unas precauciones básicas para evitar en lo posible las lesiones. Podemos asegurar que el tratamiento ideal de las lesiones es prevenirlas, ya hemos dicho que son muchos los factores que inciden en la aparición de lesiones, pero podemos destacar los siguientes:

El entrenamiento debe ser dirigido por profesionales competentes. El atleta debe estar controlado en todo momento por un buen equipo médico especializado en Medicina Deportiva, este equipo debe ser multidisciplinario (Médicos, Cardiólogos, Fisioterapeutas, Endocrinólogos, traumatólogos, Podólogos, etc.). Emplear prendas deportivas adecuadas, sobre todo el calzado. Guiados de la experiencia diaria en la consulta y dentro del campo profesional (podología deportiva) es importante un examen de cadera, rodilla, pierna y pié, descartando primero la existencia de alguna dismetría de miembros inferiores, se puede citar que una diferencia de 0,5 cm. de un miembro frente al otro puede crear lesiones importantes como son (lumbalgias, dolor a nivel sacroilíaco, bursitis trocanteras, etc.).

Un buen reconocimiento se compone de:

Exámenes de flexibilidad: Estos exámenes se utilizan para medir el rango de movimiento de las articulaciones y son parte de un examen físico, se utilizan para saber si existe algún desequilibrio muscular o articulación artrítica. Existen varios tipos de exámenes que miden la flexibilidad de ciertas articulaciones o músculos. Su médico le pedirá que se estire, doble o mueva ciertas extremidades de una manera específica, no se requiere ningún tipo de preparación y generalmente son exámenes indoloros.

Exámenes musculares: Los músculos son tejidos suave y por lo tanto no se ven en las radiografías y los exámenes musculares son una parte muy importante del examen físico. La debilidad muscular podría indicar daño de los tendones, que conectan el músculo al hueso, daño de los nervios que dan movimiento al músculo o debilidad general de los músculos por falta de uso.

Para poder medir la fuerza de los músculos, el médico podrá pedirle que se mueva de cierta manera mientras aplica cierta fuerza sobre los músculos, por ejemplo, si su médico le pide que se siente en una silla y trate de elevar una rodilla mientras le pone cierto peso en el muslo.

Palpación: Palpación significa tocar, el médico tocará las articulaciones para ver si están con temperatura, o hinchadas lo cual indicaría inflamación: El médico sólo aplicará un poco de presión al músculo o a la articulación e identificará áreas blandas y utilizará éste método para encontrar crecimientos como tumores o quistes, colocará una mano sobre la articulación y le pedirá que mueva la articulación, especialmente para ver si hace algún ruido que demuestre que se sale de lugar, el médico podrá sentir los tendones al moverse por sobre la articulación. En caso de dislocación de una articulación el médico palpará antes de tratar volver a colocar los huesos en su lugar correcto.

Examen físico: Con sólo mirar a un paciente se puede saber mucho sobre que es lo que le aqueja. Existen señales y síntomas obvios, como por ejemplo músculos débiles (atrofiados) o asimétricos, alineación incorrecta, inflamación, cambio en color de la piel (moratones o enrojecimiento de la piel que indican inflamación), y crecimientos como quistes, y callos. Sin embargo, un examen físico no es sólo mirar el cuerpo del paciente, hay que analizar la marcha (es decir como camina), palpar el cuerpo, pruebas musculares, pruebas de flexibilidad (amplitud o de movimiento), reflejos y análisis de laboratorio como por ejemplo recuento de glóbulos y análisis de orina.

Pruebas de amplitud de movimiento: A éstas pruebas también se las denomina, de flexibilidad y se utilizan para medir el movimiento de las articulaciones, algunas como el dedo gordo y el hombro tienen una gran amplitud de movimiento, casi un círculo completo, mientras que otras, como la rodilla, son como bisagras y tienen una amplitud limitada. Los exámenes de amplitud de movimiento pueden ser activos o pasivos, en los activos el paciente hace todos los movimientos, en los pasivos el médico sostiene la extremidad y él/ella la mueve. A veces también sostiene la articulación contigua para aislar el movimiento de la articulación que está revisando, por ejemplo si el paciente está sentado el médico puede sostener la pierna y pedirle que mueva el talón.

Pruebas de esfuerzo: Se puede medir la eficiencia cardiovascular subiéndose a una cinta sin fin (medirá el corazón, los pulmones, y los vasos sanguíneos), sin embargo como los huesos, los músculos y los tejidos conectivos (ligamentos y tendones) están siempre respondiendo a un esfuerzo (presión o fuerza), el médico ortopédico puede aplicar tensión para medir su respuesta, por ejemplo si el médico le mantiene la pantorrilla con una mano y le mueve el tobillo con la otra, este movimiento aplica presión a los ligamentos que conecta el talón con la pantorrilla. El movimiento excesivo o asimétrico indicaría que los ligamentos están demasiado estirados o flojos.

Para finalizar, decir que en este mundo deportivo popular tenemos “clásicos” que aunque se quedasen sin brazos seguirían siendo unos auténticos corredores y merecen estar en el podium más alto. Hay más estatuas y están en la mente de todos.









SOBRE EL AUTOR

Francisco Gilo
Licenciado en Medicina y Cirugía

www.temasmedicosdiversos.com



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