10 de septiembre de 1972: el día que nació el running

Por Luis Blanco para carreraspopulares.com
Frank Shorter no ha abandonado el mundo del running
Frank Shorter no ha abandonado el mundo del running

Munich. Domingo, 10 de septiembre de 1972. Se disputa la prueba de maratón de los Juegos Olímpicos, en la jornada de clausura oficial. Un joven con el uniforme del equipo de Alemania Occidental, Norbert Sudhaus, entra en el Olympiastadion dispuesto a dar una vuelta a la pista antes de encarar la meta y proclamarse vencedor de la carrera. Recibe la ovación del público, que ve con sorpresa como uno de los suyos se va a imponer en la prueba reina del atletismo en los Juegos.

En ese momento entra en el estadio el estadounidense Frank Shorter. Se queda de piedra cuando ve que delante hay otro corredor. Estaba seguro de que él era el primero, nadie le había adelantado en los últimos kilómetros. Eric Segal, comentarista de la televisión ABC, que está retransmitiendo la prueba para Estados Unidos, repite indignado que el corredor que va en primer lugar es un impostor. Que el ganador es Shorter.

Entonces, los jueces detectan que Sudhaus no es en realidad un participante de la maratón. Se ha colado poco antes de la llegada al estadio. Le interceptan y le sacan de la pista. Comienzan los abucheos del público al darse cuenta de lo que ha ocurrido. Y Shorter se queda aún más perplejo. “Es un impostor Frank, has ganado tú”, comenta Segal.

Cuando Frank Shorter cruza la meta con una marca de 2:12:19 en su rostro aún se puede apreciar algo de desconcierto por lo ocurrido. Pero ya es campeón olímpico de maratón. El tercer estadounidense (y último hasta la fecha) que lo ha conseguido. Curiosamente, sus dos predecesores, aunque ganaron, tampoco entraron en el estadio en primer lugar.

En 1904 Thomas Hicks solo fue designado vencedor de la maratón Olímpica de San Luis cuando se descubrió que el primero en meta, el también estadounidense Fred Lorz, había hecho parte de la carrera en un coche. En 1908, en Londres, fue el italiano Dorando Pietri el ganador, pero fue descalificado posteriormente. Los jueces le habían levantado y asistido en varias ocasiones cuando entró en el estadio deshidratado y extremadamente fatigado. Tras la reclamación de la delegación estadounidense, el segundo clasificado, Johny Hayes, fue el ganador oficial.

Frank Shorter, con su característico mostacho en los años 70
Frank Shorter, con su característico mostacho en los años 70

Leyenda

A pesar de la macabra anécdota final en el Olympiastadion, Frank Shorter comenzó en Munich, curiosamente su ciudad natal, a forjar su leyenda. Tenía 24 años y en esos mismos Juegos Olímpicos ya había destacado en la prueba de 10.000 metros, donde fue quinto en la final, justo detrás del español Mariano Haro.

Tras su victoria en la maratón, cuando su compatriota Kenneth Moore cruzó la meta en cuarto lugar, ambos dieron la vuelta al estadio aclamados por el público. Millones de personas en Estados Unidos vieron ese momento. Era la primera vez que el canal ABC emitía el maratón olímpico casi en su totalidad. Y era la primera victoria estadounidense de la prueba en 64 años.

Aquel momento cambió la historia del atletismo en Estados Unidos y marcó el inicio de la afición en masa al running en aquel país. Los estadounidenses tenían desde ese momento un héroe en la larga distancia. Alguien que podía servir de ejemplo. Las portadas de los periódicos y las revistas especializadas se llenaron con la foto de Frank Shorter. Una de esas revistas, Outside Magazine, le calificó como “el hombre que inventó el running”.

Millones de personas se lanzaron a practicar deporte en las calles en su país, con Shorter convertido en una especie de portavoz involuntario de los beneficios del ejercicio físico para la población. Algo que se acrecentó cuando, cuatro años después, el propio Shorter hizo más grande aún su leyenda consiguiendo la plata en la maratón olímpica en Montreal.

Los años previos a la fama

Frank Shorter amaba correr desde niño. Acostumbraba a ir corriendo al colegio, que estaba a unos tres kilómetros de su casa. Aunque, en parte, su motivación tenía que ver con la complicada situación que vivía en casa. Shorter y sus hermanos sufrían abusos y violencia por parte de su padre. Como el propio atleta confiesa en su biografía, correr suponía un alivio para él, porque cuando estaba fuera de casa corriendo, su padre no podía cogerle.

En sus años escolares mostró su talento como atleta, pero aún no se lo tomaba muy en serio. Fue con 15 años, cuando vio los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, cuando decidió apostar por el deporte.

Durante su época universitaria, en Yale, sus entrenamientos se endurecieron y le reportaron una importante base de resistencia. Comenzó a recorrer mayores distancias y, a finales de los años 60, decidió centrarse en el atletismo. Sus entrenamientos semanales ya superaban los 140 kilómetros.

Trabajó en la construcción y en algunos otros trabajos para poder costearse su dedicación a correr. Empezó a ganar algunas competiciones nacionales y se marcó como objetivo los Juegos Olímpicos de Munich. La ciudad donde había nacido en 1947 ya que su padre, un médico que trabajaba para el Ejército de Estados Unidos, había sido destinado allí temporalmente.

La ciudad alemana fue el inicio de la historia de Shorter, pero también del ‘boom’ del running en EEUU primero y luego en todo el mundo. Shorter se retiró de la alta competición aún muy joven, pero nunca dejó de correr. De hecho, a sus 72 años, sigue haciéndolo. Ya no participa en maratones, prefiere centrarse en pruebas de 10 kilómetros.

En una entrevista en el periódico “The Irish Times” en 2018, Shorter confesaba que había aprendido a sentirse bien “corriendo lento”. Además de correr practica otros deportes, como la natación, y se ejercita en el gimnasio. Y cuando corre, lo hace para disfrutar. “Todavía corro por el sentimiento de moverme sobre el suelo. Y creo que para todos los buenos corredores esa es la clave. Simplemente disfrutan con el movimiento”.

SOBRE EL AUTOR

Luis Blanco
Periodista.
Director de A tu Ritmo


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