El hombro del nadador

Por Francisco Vita Barbero para carreraspopulares.com - 13/03/2020

Pese a que la natación es uno de los deportes que menos lesiones produce entre sus deportistas, nunca queda exento de poder sufrirlas; todo ello debido a múltiples factores tales como su mala técnica, falta de flexibilidad de las articulaciones, inespecificidad de la musculatura implicadas, excesivo entrenamiento en un corto periodo de tiempo o vuelta repentina al ejercicio tras un largo periodo de inactividad.

En este artículo nos centraremos en una de las articulaciones protagonistas en este deporte: el hombro. Veremos cómo poder prevenir este tipo de lesiones, sus síntomas, su tratamiento y diagnóstico precoz, para evitar que el dolor y la disfunción se prolonguen en el tiempo.

Dicha lesión es inespecífica, puesto que compone la multitud de lesiones en la región de hombro que pueden producir dolor. La más frecuente es la del síndrome subacromial: disminución del espacio entre el acromion (porción de la escápula) y la cabeza del húmero, irritando e inflamando así a los tendones del músculo supraespinoso y de la porción larga del bíceps. Esta lesión tiene consecuencias en los estilos de braza, crawl (durante la entrada de la mano en el agua), mariposa y espalda; y se agrava si se utiliza cualquier tipo de material en los miembros superiores para aumentar su resistencia, por ejemplo las palas o manoplas.

La reducción de este espacio se debe a múltiples factores que se agrupan y se superponen entre ellos: rigidez, falta de flexibilidad, desequilibrios musculares (que conlleva inestabilidad) y sobrecargas musculares.

SÍNTOMAS
Los síntomas más frecuentes son:
• Dolor al finalizar el entrenamiento de natación.
• Pérdida de movilidad con acentuada rigidez a la hora de mover el hombro, sobre todo elevar el brazo por encima de la cabeza, en actividades tales como peinarse, coger algo de un lugar alto, vestirse...
• Mala relación cintura escapular-hombro en momentos que intervienen ambas articulaciones; debido a una insuficiente o excesiva activación de la musculatura o que el proceso de contracción se produce en discordancia.

DIAGNÓSTICO
Las pruebas de imagen no son uno de los complementos que más nos puedan ayudar a la hora de diagnosticar estas patologías. Pese a ello, es útil para descartar calcificaciones o espolones óseos que puedan formarse en dichas articulaciones.

TRATAMIENTO
Normalmente no suele conllevar una cirugía, por lo que es de tipo conservador. Para ello, debemos obtener un diagnóstico precoz de la lesión, identificando sus causas para hacer una recuperación más rápida para la vuelta a la competición.

El reposo nunca es una opción a tener en cuenta en un deportista, por lo que este debe ser “relativo”. La fisioterapia es una parte fundamental en la recuperación.

La primera fase del tratamiento estaría destinada a la recuperación de la movilidad y, por tanto, de la funcionalidad de la articulación; consiguiendo todo el recorrido y amplitud articular para poder conseguir una brazada más rentable.

La segunda fase consistiría en la recuperación de la fuerza de toda la musculatura implicada (tanto de hombro como de la cintura escapular). Ejercicios con pesas, bandas elásticas, resistencia manual del fisioterapeuta...

La última fase sería la continuación de estas dos últimas junto al trabajo propioceptivo de las articulaciones glenohumeral y escapulohumeral. Junto a su reeducación funcional (centrada en la natación), realizando ejercicios específicos de este deporte sin tener ningún tipo de molestias.
Todas estas fases suelen complementarse con un calor local a nivel del hombro (a modo de calentamiento), crioterapia aplicada al final de cada tratamiento para evitar cualquier tipo de inflamación que pueda producirse, electroterapia, vendaje neuromuscular y cualquier toma de medicación analgésica o antinflamatoria (previamente recetada por el médico)...

Siempre debe haber una participación activa por parte del deportista en el tratamiento de recuperación: realización de ejercicios en casa, cumplir los tiempos e intensidades de los ejercicios pautada por el fisioterapeuta, evitar cualquier esfuerzo que pueda retrasar el periodo de vuelta a la competición...

Alternar el entreno con días de descanso es importante
Alternar el entreno con días de descanso es importante

PREVENCIÓN
Se recomienda que las sesiones de ejercicio sean moderadas, evitando altos esfuerzos continuados durante todo el entrenamiento; alternando con días de descanso.

Debemos tener en cuenta que la musculatura, tras un periodo de inactividad (vuelta tras lesión, vuelta tras vacaciones, etc.), no se encuentra bien preparada, por lo que los entrenamientos posteriores deben de seguir un incremento del esfuerzo y de la intensidad de manera proporcionada.
Los ejercicios de calentamiento previos a la sesión en agua son muy importantes. Debemos dedicarle unos 10 minutos de nuestra sesión de entrenamiento a los movimientos balísticos de movilizaciones tanto de hombro como de miembros inferiores.

No debemos olvidar los ejercicios de estiramientos al finalizar la sesión, para evitar todo tipo de retracciones fasciales y musculares a nivel de las articulaciones trabajadas que nos disminuyan la movilidad y nos provoquen rigidez.

Pese a realizar todo lo anterior comentado, podemos sufrir alguna molestia al final los entrenamientos o las competiciones por lo que debemos de prestar atención inmediata a estos y acudir a nuestro fisioterapeuta.

SOBRE EL AUTOR

Francisco Vita Barbero
Graduado en Fisioterapeuta. Título de Experto en Fisioterapia Deportiva

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