El coleccionista de lesiones

Por Mario Trota para carreraspopulares.com
Una mayoría de corredores aficionados habituales han tenido molestias o lesiones en algún momento
Una mayoría de corredores aficionados habituales han tenido molestias o lesiones en algún momento

¿Te consideras un corredor popular? ¿Entrenas un mínimo de 3 o 4 días por semana? ¿Participas en carreras habitualmente y has preparado al menos una maratón en tu vida? Si has respondido afirmativamente a todas estas preguntas seguro te has lesionado más de una vez. Y si no es así, ¡enhorabuena, dime cómo lo has conseguido!

En mi caso, que, creedme, es el de muchos de mis amigos corredores (si no la mayoría) las lesiones se han convertido, desgraciadamente, en un elemento habitual de mi vida como atleta aficionado.

Los que sigáis de forma asidua lo que se publica en esta web habréis notado que hace ya un tiempo que no paso por aquí a escribir sobre mis experiencias en el mundo de los corredores. La razón es que en las últimas semanas he estado lesionado y, como no podía correr, escribir sobre correr me resultaba complicado y alimentaba aún más mi bajón emocional.

La última de mi colección de lesiones ha sido el síndrome de cintilla iliotibial. Una de las más complicadas, incómodas y difíciles de eliminar que he tenido. Pero ya estoy saliendo del bache y comenzando a entrenar en condiciones.

No esperéis que esto sea un tratado técnico de lesiones, porque no soy un especialista, ni médico, ni fisio, ni osteópata o nada que se le parezca. Aunque es cierto que algo sobre lesiones sé (sin ninguna intención de enseñar nada a nadie) porque he pasado por muchas. Lo único que voy a contar es mi experiencia, que seguro que es muy parecida a la de muchos de vosotros.

Ya os he contado en alguna ocasión cómo, cuándo y por qué empecé a correr . Al comienzo y viendo la progresión positiva de mi rendimiento y la negativa de mi barriga (que desaparecía de manera milagrosa) todo fue un camino de rosas. Pero a los pocos meses de empezar a correr llegaron los primeros dolores que no identificaba con las agujetas. Se trataba de unas molestias en la zona baja de la pantorrilla, hacia la parte alta del empeine. Aproveché una visita a un osteópata amigo de la familia para eliminar mi habitual tensión en la espalda debida al sobrepeso para preguntar. Y la conversación fue algo así:

-¿Has corrido mucho últimamente? - preguntó.
-Sí, algo más de lo habitual. Y he hecho hace un par de días mi primera carrera de más de 10 kilómetros en asfalto.
-Está claro, es una sobrecarga en la zona de los tibales y peroneos. Deja de correr unos días, pon hielo en la zona dolorida y se te pasará. Y cuando comiences de nuevo a correr, hazlo por tierra o por hierba poco a poco.

Y menos mal que lo hice, porque con el tiempo supe que esas sobrecargas, si no las cuidas y las eliminas a tiempo, pueden derivar en algo que se llama periostitis. Y lo sé porque me lo han dicho fisios y osteópatas y sobre todo varios amigos que la han sufrido.

Muchos corredores acuden a fisioterapuetas, osteópatas o acupuntores para tratar sus lesiones
Muchos corredores acuden a fisioterapuetas, osteópatas o acupuntores para tratar sus lesiones

El corredor tozudo

Este primer ejemplo se ha repetido en varias ocasiones en los últimos 4 años que llevo corriendo. Y las lesiones surgen casi siempre cuando incremento el volumen y la intensidad de los entrenamientos en periodos en los que estoy siguiendo algún plan para una carrera concreta. Me pasó cuando preparé mi primera media maratón. En aquella ocasión tuve una sobrecarga en el isquiotibial derecho que durante un par de días no me dejaba ni andar. Por aquel entonces ya acudía regularmente a un fisio del club de corredores de mi gimnasio. Y su consejo, después de una dolorosa sesión de masaje para tratar la molestia, siempre era el mismo:

-Para unos días, vuelve a correr poco a poco y la sobrecarga se irá. ¡Pero no hagas burradas!

Pero como soy corredor popular y estoy enganchado de forma casi irracional a esto de dar zancadas cada vez más rápido o más lejos (como muchos de vosotros) nunca sabía dónde estaba el límite. Y supongo que el tiempo de "parón" no era el suficiente.

Cuando preparé mi primer maratón me lo tomé muy en serio. Tanto que no quería perderme ni un sólo entrenamiento del plan. Y el aumento de kilómetros se notó en la zona del piramidal, que cuando hacía tiradas largas acababa resintiéndose y pidiendo algo de tregua. Acabé el plan como pude, y conseguí concluir mi primer maratón sin molestias. Pero el camino fue duro y doloroso.
Cuando preparé mi tercer maratón el problema fue una tendinitis en el Aquiles. Y cuando intenté atacar mi mejor marca en 10 kilómetros y me pasé con la intensidad en los días de series, en una de ellas mi gemelo izquierdo sintió un fuerte pinchazo y me quedé cojo varios días. Diagnóstico: rotura de fibras.

Pero lo peor estaba por llegar. Cuando llevaba dos años corriendo, un día comencé a sentir una molestia bastante incómoda en la planta el pie, desde el talón al metatarso. Cuando me levantaba de la cama la mañana siguiente a un entrenamiento intenso veía las estrellas al apoyar el pie en el suelo. Ya sabía lo que era, claro, porque tenía muchos amigos que lo habían sufrido. Y el fisio lo confirmó. ¡Era la temida Fascitis Plantar! Tardó varios meses en dejarme, pero a base de visitas al fisio, hielo, estiramientos con una pelota de tenis, descanso mayor de lo habitual a regañadientes y mucha paciencia, al final conseguí que se fuera. Y menos mal que hice caso, porque conozco casos de gente a los que se la lesión se les hizo crónica y estuvieron años sufriendo molestias y sin curarse del todo.

Desde entonces he tenido diversas contracturas, microroturas, sobrecargas, esguinces,tendinitis y todo tipo de dolencias. Por suerte, nada que haya requerido de una operación, aunque sé de muchos que han pasado por el quirófano por cosas realmente graves. Y lo último, cuando preparaba un nuevo maratón, el curioso y fastidioso síndrome de cintilla iliotibial, un dolor en la parte externa de la rodilla izquierda que no me dejaba correr más de 2 kilómetros seguidos. Los que han pasado por esta lesión saben de qué hablo. En fin, después de casi tres meses de entrenamientos suaves y escasos y un tratamiento adecuado, la cosa parece que va mejorando.

Enganchados a correr

En todo este tiempo he pasado por fisios, osteópatas o quiroprácticos; me he sometido a sesiones de acupuntura, me han hecho llorar de dolor con ciertos masajes, me han pinchado con grandes agujas y he pasado por terapias de calor para rehabilitar zonas doloridas.

La conclusión a la que llegamos después de pasar por estos malos tragos siempre es la misma: "Ojalá pudiera no lesionarme". De hecho, en esta misma web podemos encontrar interesantes artículos sobre la prevención de lesiones, y sobre escuchar a nuestro cuerpo y parar cuando notamos los primeros síntomas. Pero es muy fácil decirlo, ¿verdad? Somos corredores, aficionados, sí, pero corredores al fin y al cabo. Si paramos nos volvemos locos. Nos subimos por las paredes. Esa es la otra parte negativa de las lesiones, la psicológica y emocional. ¿No os pasa cuando tenéis una lesión, por pequeña que sea, que os sentís más bajos de ánimo, estáis más serios y como enfadados todo el día? A mí me pasa, lo reconozco. A veces no me aguanto ni yo mismo.

Pero con el tiempo sí que he aprendido a ser más sensato y a bajar el ritmo de entrenamientos en épocas de sobrecarga. Ahora miro más por la salud que por las marcas. Pero me sigo lesionando. Quizá algún día logre evitarlo.

La pregunta que todos acabamos haciéndonos después de todo esto es: ¿Merece la pena? Creo que no hace falta que responda, ¿verdad?

SOBRE EL AUTOR

Mario Trota
Corredor popular



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