Cosas que cambian en tu vida cuando empiezas a correr: la ropa

Por Marisol Galdón para carreraspopulares.com - 19/04/2017

El día que decides empezar a correr es un día cualquiera. No es que tenga nada especial. Igual ni siquiera hay un día concreto. Es decir, nadie se levanta un día y piensa: “mira qué buena mañana hace, me voy a convertir en runner”. El proceso suele ser gradual, y comienza mucho antes de que decidas ponerte las zapatillas por primera vez. Primero comienzas a pensar en ello, después puede que te informes, que preguntes, que compartas con algún conocido tu inquietud... O habrá quien salga a correr de repente, sin pensar en ello.

El caso es que, si pudiéramos identificar un día como “aquel en el que decidimos empezar a correr”, ese día debería pasar a la historia por muchas cosas. Si estás leyendo este artículo es muy posible que el running ya te haya atrapado y que ni te acuerdes de cómo era tu vida antes. Pero si echases la vista atrás, ¿podrías decir cuántas cosas han cambiado desde entonces?

Por ejemplo: cambia tu relación con la ropa. Cuando no haces deporte, la ropa que tienes en casa cumple, básicamente, cuatro funciones: ropa para trabajar, ropa para “salir a la calle”, ropa para salir de fiesta y ropa para dormir. Lo más parecido a ropa de deporte eran las sneakers que usabas para combinar con los vaqueros o la sudadera que usabas de pijama cuando hacía frío en casa. Pero cuando el running entra por la puerta, entran de la mano otros tipos de outfit. Y claro, hay que hacerles sitio. En nuestros pensamientos, y más importante aún, en nuestros armarios.

El primer reto al que te enfrentas es a decidir dónde vas a guardar tu ropa deportiva. Al principio pueden ser sólo unos pantalones cortos y una camiseta vieja de algodón, que acumulas junto a los pijamas o con la ropa interior. Pero conforme pasa el tiempo, te encuentras con que necesitas cajones -y en ocasiones muebles enteros- para guardar exclusivamente tu ropa de correr. No hablemos ya de las zapatillas, que empiezan compartiendo sitio con tus “bambas”, y acaban siendo las reinas del armario zapatero. Y, ojo, no hablamos sólo de ropa para correr. También está la ropa para antes y después de correr, conocida en muchos ámbitos como “chándal”. Tu vida cambia definitivamente el día que, tras muchos años de no ver ninguno (ay, esas clases de educación física...), descubres que necesitas un chándal. Al principio lo compras para dejarlo en el guardarropa de las carreras y ponértelo al acabar para volver a casa sin enfriarte. Pero cuando te quieres dar cuenta, lo llevas en otras ocasiones, mientras te preguntas por qué no lo usas más, con lo cómodo que es. Y aquí tenemos otra cosa que cambia: tu sentido de la moda. Pero volveremos en un párrafo sobre este tema.

Antes, destacar otra cosa que cambia significativamente. Y como seáis más de un runner en casa, prepárate. La lavadora. Hay casas en las que ya se ponen más lavadoras de ropa deportiva que de ropa “normal”. Y claro, no hablamos ya sólo del tiempo, energía y detergente que se gasta. Hablamos de, por ejemplo, el espacio para tender la ropa. Que levante la mano quien no se haya enfrentado al dilema de tener que poner una lavadora de ropa para correr, pero al mismo tiempo tiene el tendedero hasta arriba con una colada anterior que aún no se ha secado. Si vives en un clima húmedo, donde la ropa tarda más de un día en secarse, ¡te mandamos todo nuestro ánimo desde aquí!

Por último, volvamos con el tema estético. Si hay algo que cambia en ti el día que empiezas a correr es tu sentido de la moda. Porque vamos a ver ¿te habías imaginado alguna vez tomando algo en un bar con un pantalón de chándal y una camiseta amarillo fosforito en la que pone en el pecho “San Silvestre 2015”? Pues eso, no hay nada más que comentar sobre el tema. Correr cambia tu vida en formas que nunca habrías pensado.

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Marisol Galdón


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