Por qué no nos gusta calentar (y a nuestro entrenador sí)

Por carreraspopulares.com

¿Qué tipo de runner eres? ¿De los que se pone a correr a todo lo que da nada más bajar de casa o de los que empiezan de manera progresiva, prestando atención a la respuesta de los músculos y articulaciones, buscando entrar en calor progresivamente y que busca prevenir lesiones y realizar un entrenamiento lo más eficaz posible?

Como verás, hemos sido un poco tramposos en la pregunta de arriba. ¿Quién no va a querer evitar lesiones y realizar entrenamientos lo más eficaces posible? Y es que las ventajas del calentamiento son, principalmente esas. Lo que pasa es que no siempre nos apetece o creemos disponer del tiempo necesario para calentar antes de realizar nuestro entrenamiento.

La mayoría de las veces que salimos a correr por nuestra cuenta o con amigos, lo que nos apetece es correr. Y si queremos preparar una carrera, lo que deberíamos hacer es correr lo más rápido que podamos, ¿no? Calentar siempre supone retrasar el inicio de nuestro entrenamiento, lo que de verdad nos apetece. A esto se une que también nos cuesta “sujetarnos” cuando salimos a correr. Para calentar adecuadamente, lo ideal es realizar los primeros 2-3 kilómetros a un ritmo más tranquilo, aumentando progresivamente el ritmo que llevamos. Pero si vamos a salir a correr 7-8 kilómetros, ¿por qué perder tiempo yendo más despacio durante casi la mitad de esos kilómetros?

Beneficios del calentamiento: nos hace mejores corredores

Los beneficios del calentamiento son muchos, y todos ellos van a hacer que mejores en tu carrera:

- En primer lugar, sirven para activar el organismo. Es la manera de decirle a tu cuerpo que va a empezar una fase de ejercicio. Igual que cuando nos despertamos no estamos al 100% de nuestras capacidades mentales, nuestro cuerpo tiene que ser consciente del ejercicio de manera gradual para poder dar lo mejor de sí.

- Aumentar la movilidad muscular y articular. De esto depende que estemos más prevenidos para lesiones. Si exigimos mucho a nuestra musculatura desde el minuto uno, nos exponemos a que las fibras respondan mal al estímulo y nos genere tensiones, contracturas o, lo que es peor, roturas musculares. Un músculo que calienta bien es un músculo que asimila mejor el entrenamiento.

- Adaptación al ejercicio que vamos a hacer. No hay dos tipos de calentamiento iguales. En función del tipo de entrenamiento que hagamos, debemos calentar de una u otra manera. Si sólo vamos a trotar, bastará con comenzar los primeros kilómetros de una manera gradual. Si vamos a hacer series cortas y explosivas, debemos calentar más tiempo y complementarlo con movilidad articular, algunas rectas en progresión y técnica de carrera. Hará que el ejercicio sea más efectivo.

- Preparación mental. Nuestra cabeza no va a responder a la exigencia si lo hacemos desde el primer momento. Calentar de manera consciente sirve para conectarnos al 100% con el ejercicio y ponernos a punto para la dureza de lo que vayamos a hacer. Si no calentamos y vamos “directos al grano”, el riesgo de dejarlo si la cosa se pone difícil aumentará.

- Mejores resultados. Un estudio de la Universidad de Alberta, Canadá descubrió que aquellos atletas que incorporaban a su rutina ejercicios de pliometría centrados en el cuádriceps, conseguían, al final de la sesión, un aumento mayor de la fuerza en esta zona de la pierna.

Piensa que la rutina de calentamiento no es un invento de los entrenadores ni algo destinado únicamente a los profesionales. Tanto si estás buscando mejorar tiempos como si solo sales a correr por diversión, el calentamiento te ayudará a obtener un mejor resultado y al tiempo te protegerá de inoportunas lesiones.


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