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Corriendo por la historia: Guadalupe

Por Jorge González de Matauco para carreraspopulares.com

Ningún lugar es más apropiado que Guadalupe para correr en un entorno con parajes remarcables a través de varias rutas bautizadas con el nombre de algunos de los reyes más reseñables de Castilla. Viajando a Guadalupe desde Madrid y tras dejar atrás los llanos toledanos, la comarca de la Jara y Puerto de San Vicente, nos adentramos en el rutilante geoparque Villuercas-Ibores-Jara, con un ondulado y pintoresco paisaje que en estos primeros kilómetros nos ofrece su faceta más descarnada, con varios miradores sobre abruptas gargantas que luego darán paso a valles poblados por pinos, olivos, castaños y viñedos.

Más información: Geoparque Villuercas Ibores Jara | Geoparque Mundial UNESCO

Si al paisaje le añadimos la fascinación que causa encontrarse de bruces con la fachada del monasterio de Guadalupe, ya tenemos una conjugación de naturaleza, historia y arte a la que resulta muy difícil resistirse. En el nacimiento de todo lugar mítico suele haber una leyenda fantasiosa, y Guadalupe no puede ser menos. Se remonta a los albores del siglo XIV y nos habla del pastor Gil Cordero, de una vaca extraviada, muerta y resucitada, y del hallazgo por el propio pastor de una imagen de la Virgen atribuida al evangelista san Lucas. En aquel lugar cercano al río Guadalupe se erigió una sencilla ermita que fue visitada por el personaje que da nombre a la primera de nuestras rutas por la zona, Alfonso XI de Castilla, quien se encomendó con éxito a la virgen de Guadalupe para lograr la victoria en la célebre batalla del Salado contra los musulmanes en 1340.

Más información: Real Monasterio de Guadalupe | página web del Real Monasterio de Guadalupe (monasterioguadalupe.com)

 

 

Ruta de Alfonso Onceno

Algunos de los avatares de la vida de este rey nos pueden resultar muy próximos, especialmente su muerte durante una pandemia, la de la peste negra. Alfonso XI estaba casado con María de Portugal, pero le gustaba más otra mujer con la que tuvo amoríos extraconyugales, Leonor de Guzmán. Con ella tuvo diez hijos bastardos, entre ellos Enrique de Trastámara, enfrentado a su hermanastro Pedro I y figura imprescindible en la posterior historia de España. Pero no adelantemos acontecimientos y quedémonos con que en la década de 1330 Guadalupe era una zona escasamente colonizada, de un acceso complicado y alejada de núcleos importantes de población (“para llegar a Guadalupe hay que querer llegar”, se dice aún hoy en día). Su emergencia y su desarrollo se debieron al apoyo, la protección y los privilegios que Alfonso XI otorgó al monasterio para facilitar la repoblación y el tránsito de rebaños, mercancías y personas.

La ruta de Alfonso Onceno se inicia en Navezuelas, un pueblo donde es acusada la sensación de aislamiento, y culmina en Guadalupe después de un recorrido de 17 kilómetros atravesando dos sierras. Tras la partida podemos comprobar muy pronto que el nombre del camino no forma parte de una ocurrencia. En un desvío a la izquierda marcado por una señal de madera, un cartel con una cita del Libro de la Montería de Alfonso XI nos recuerda que el valle de Viejas era zona de caza de osos. Es mejor no forzar el ritmo en este primer ascenso arenoso y pedregoso, con tramos de empedrado, donde, en días de lluvia, el agua ocupa la superficie como si fuera un riachuelo. Al llegar al collado de los Ajos surge una primera panorámica de estas montañas desgastadas pero hermosas que forman parte de la cadena de los montes de Toledo. El descenso hacia el valle no es mucho más favorable debido a la fragosidad del terreno y a la fuerte pendiente. Ya adelanto que de los tres caminos presentados en este artículo, este será el menos idóneo para correr, sobre todo en su primera parte.

Al terminar la bajada, por bosques de robles y castaños, hay que desviarse a la izquierda en una bifurcación sin señalizar. La fila de castaños nos llevará a cruzar un revoltoso río Viejas por un puente de madera. Sin tiempo para el descanso se afronta un nuevo tobogán ascendente hasta el mirador de Viejas, con vistas sobre el pico Villuercas y toda esta zona encantada donde cazaba osos Alfonso Onceno. Tras cruzar la carretera que conduce al pico Villuercas y dejarse caer por un abrupto remedo de cortafuegos alcanzamos una etapa más amable, entre pinos y senderos bien señalizados. Finalmente la carretera nos acercará al Humilladero, un hermoso templete donde los peregrinos se postraban al divisar por primera vez Guadalupe y su anhelado monasterio. Es hora de relajarse corriendo los últimos kilómetros, una excepcional terraza sobre Guadalupe y su entorno. Los metros finales discurrirán por las calles de la parte alta del casco antiguo, para desembocar ante la fachada del monasterio y disfrutar del objetivo conseguido.

Mientras estiramos y contemplamos esa fachada, podemos recordar que el monasterio tenía serios enemigos entre los grandes señores eclesiásticos y de ahí su aspecto de fortaleza defensiva. Hubo tiempos en que los vecinos de Guadalupe intentaron quemar el monasterio ante la imposición de tributos claramente confiscatorios por parte de los frailes, sus señores tanto en el plano espiritual como en el político. Y pocos años después de la muerte de Alfonso XI, el obispo de Plasencia, armado hasta los dientes, invadió el monasterio con sus huestes a pie y a caballo con la intención de incorporarlo a su jurisdicción eclesiástica. Quien piense que esos pleitos forman parte del pasado solo tiene que buscar información sobre las discusiones que todavía se mantienen por la pertenencia de Guadalupe a la diócesis de Toledo.

Más información: Ruta de Alfonso Onceno | Rutas en Extremadura | Geoparque VIJ (geoparquevilluercas.es)
 

Camino Real de Guadalupe

Aunque, como hemos visto, su historia era ya casi centenaria, fue en 1389 cuando el santuario de las Villuercas se adscribe a los monjes jerónimos y comienza su edad de oro. Durante un par de siglos Guadalupe se convertirá en el principal centro de peregrinación de Castilla, por delante de Santiago. Los peregrinos entraban por las puertas de acceso que servían para controlar el aforo, cinco de las cuales todavía subsisten. Durante su estancia eran vigilados por el alguacil de los pobres, un antecedente de la policía. Se les repartía ropa y calzado nuevo para que se fueran en un máximo de tres días. Los peregrinos llegaban por diferentes caminos, el más importante de los cuales era el Camino Real (257 kilómetros desde Madrid), que, como su nombre indica, era el utilizado por los reyes de Castilla, además de otros personajes célebres como Santa Teresa de Jesús, Cristóbal Colón, Góngora, Lope de Vega o Miguel de Cervantes, que peregrinó para ofrecer a la Virgen las cadenas que sufrió en las mazmorras de Orán.
 
Iniciamos la carrera en el puerto de Arrebatacapas, así llamado por el viento que hacía volar las capas de los caballeros o, menos probablemente, por los bandidos que merodeaban por el Camino Real y asaltaban a los viajeros. En el Camino Real los kilómetros están perfectamente marcados y un hito nos indica que nos esperan 36,5 hasta llegar a nuestro objetivo. Por fortuna, el terreno es fácil y después de una bajada entre encinas y con vistas a la sierra del Hospital, se alcanza Navatrasierra, la única localidad que encontraremos hasta llegar a Guadalupe. Después, seis kilómetros de asfalto por una carretera desierta, un sendero ascendente entre pinos y robles y un nuevo tramo de asfalto concluyen en el Hospital del Obispo, lugar de reposo y recuperación para los antiguos peregrinos. A falta de 18 kilómetros encuentro un sublime mirador sobre la sierra de las Villuercas y, a continuación, los siete kilómetros más gratificantes de todo el recorrido, un tramo descendente por una pista flanqueada de pinos donde correr es toda una delicia. Una nueva subida después de cruzar un puente anticipa otra etapa soberbia entre castaños, pinares y nuevas panorámicas, antes de llegar al ya conocido Humilladero y concluir el camino.

Más información: Peregrinar a Guadalupe - Camino Real de Guadalupe (caminorealguadalupe.com)

Ruta de Isabel la Católica

Los guías oficiales del monasterio nos hablarán de su esplendor, sus tesoros, sus zurbaranes y sus colecciones de mantos y libros miniados. Un esplendor al que contribuyó mucho el fervor de Isabel la Católica, que viajó a Guadalupe dieciséis veces, al menos siete de ellas utilizando el Camino Real. Otras de sus actuaciones fueron más controvertidas, como el establecimiento de la Inquisición en Guadalupe para resolver la animadversión contra los judíos conversos, tanto dentro como fuera del monasterio. Como consecuencia, en 1485, 51 vecinos (25 hombres y 26 mujeres), además de un clérigo, fray Diego de Marchena, fueron acusados de criptojudaísmo y quemados en la hoguera.
 
La ruta de Isabel la Católica discurre durante 13,5 kilómetros por la vertiente opuesta del valle y pasa por las inmediaciones de la Granja de Miravel, que la reina utilizaba como residencia en sus visitas a Guadalupe. Parte de la localidad de Cañamero descendiendo una pista asfaltada antes de cruzar un puente a la izquierda y seguir una señal amarilla hacia una piscina natural. Desde ahí atraviesa el río Ruecas y asciende por un sendero de tierra y piedras hasta llegar a la presa del Cancho del Fresno, que se rodea corriendo fácilmente por una pista con estupendas vistas. Tras abandonar la presa se desvía por un sendero hacia la denominada cruz de Andrade en homenaje a un recaudador de impuestos asesinado en este punto por salteadores de caminos, y asciende nuevamente por el Melonar de los Frailes, un canchal de piedras donde será más complicado mantener la carrera. En la cima espera el antiquísimo castaño El Abuelo (es fácil no percatarse de su presencia y más si se va corriendo), antes de iniciar el descenso entre robles y castaños, ya con fantásticas vistas de Guadalupe y su monasterio, rozando ese palacio de Mirabel (hoy en manos privadas e imposible de visitar) y culminando en la ermita de Santa Catalina y en la carretera principal. Un nuevo cruce a la izquierda nos conduce a Guadalupe por el arco del Tinte y la parte baja de la ciudad antigua.

Más información: Ruta de Isabel la Católica | Rutas en Extremadura | Geoparque VIJ (geoparquevilluercas.es)

Desde los miradores que permite la carretera que se dirige al pico Villuercas es posible contemplar el recorrido de las tres rutas realizadas. Ningún marco mejor para percatarse de las connotaciones históricas que atesora el geoparque Villuercas-Ibores-Jara y de la magnificencia de su paisaje, configurado por las montañas más antiguas de España.
   
Si prefieres carreras:
           Entre sierras y valles del geoparque de Extremadura

 

SOBRE EL AUTOR

Jorge González de Matauco
Autor del libro “En busca de las carreras extremas“


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