Fracturas por estrés

Por Francisco Gilo para carreraspopulares.com

Fracturas por estrés

El tratamiento de las fracturas por stress consiste en reposo e inmovilización del miembro afectado, que varían de acuerdo a la extensión de la lesión. De lo enunciado se desprende la importancia de su detección temprana y exacta, así como la evaluación de la extensión de la misma, para su tratamiento adecuado y oportuno.

Las fracturas por fatiga a estrés son el resultado de someter al hueso a exigencias mecánicas cíclicas inversas o fuerzas de incurvación (algo similar a lo que empleamos para romper una lata de aluminio con las manos), o bien a fuerzas de compresión repetidas.

Las lesiones óseas relacionadas al estrés se han hecho frecuentes entre los miembros de nuestra sociedad activa, representando cerca de un 10% del total de casos en medicina del deporte. El diagnóstico clínico puede ser difícil, ya que los que los síntomas son a menudo vagos y las lesiones de las partes blandas pueden imitar enfermedades o anormalidades del hueso. Consecuentemente, el diagnóstico por imágenes juega un papel fundamental en el estudio y seguimiento de un paciente en que se sospecha lesiones relacionadas a actividad.

Para entender mejor estas fracturas, diremos que “Estrés” es la fuerza o carga absoluta aplicada a un hueso, que puede originarse de acciones musculares o bien por sustentación de peso. La fuerza puede ser de naturaleza axial o curva, y el cambio resultante en la forma del hueso es referido como torsión, lo cual es el fenómeno medible. Ante una carga, las fuerzas tensionales se producen a lo largo del lado convexo del hueso, mientras las fuerzas compresivas se producen en su margen cóncavo.

Las fracturas por estrés son de dos tipos: 1- Fractura por insuficiencia. Resulta de un estrés normal aplicado a un hueso anormal. Las condiciones subyacentes que debilitan la resistencia elástica del hueso y predisponen a fracturas por insuficiencia incluyen osteoporosis, enfermedad de Paget, hiperparatiroidismo, artritis reumatoidea, osteomalacia, osteogénesis imperfecta, raquitismo y radiación.

2- Fractura por fatiga. Ocurre cuando un hueso normal es sometido a estrés repetitivo, ninguno de los cuales en forma individual es capaz de producir una fractura, pero llevan a una falla mecánica a lo largo del tiempo.

Diagnóstico clínico. Los hallazgos del examen físico incluyen dolor localizado, edema, aumento de temperatura y eritema. El engrosamiento periostal localizado puede ser palpable. La percusión del hueso puede ser dolorosa en un sitio alejado.

Diagnóstico diferencial. Existen muchas condiciones que pueden imitar clínicamente a una fractura por estrés, dentro de las cuales se incluyen tendinitis, periostitis, síndrome compartimental, tumores, esguinces y desgarros musculares.

La radiografía simple juega un papel importante en el estudio inicial ante la sospecha de una fractura por estrés, pudiendo ser usada para confirmar el diagnóstico a un costo relativamente bajo. Desgraciadamente, las radiografías iniciales son a menudo normales, lo cual no es sorprendente dado el grado de remodelación microscópica que ocurre en etapas precoces del daño por estrés.

Una de las indicaciones actuales de la gammagrafía ósea, es en el diagnóstico precoz de las fracturas de stress. Estas lesiones ocurren cuando un hueso normal es sometido a ejercicio físico prolongado y repetitivo, lo cual resulta en una carga excesiva para la cual la estructura ósea no esta preparada (fracturas por fatiga) o cuando un stress normal es aplicado a un hueso debilitado (fracturas por insuficiencia).

La tibia es el hueso que soporta más peso del cuerpo, tiene poca protección muscular y es muy vulnerable a las lesiones por sobreesfuerzo. Las zancadas largas, las cuestas abajo, el terreno excesivamente duro, el exceso de pronación o el inicio de la temporada entrenando a ritmos demasiados fuertes y con muchos kilómetros, son las causas que pueden producir esta lesión. Si el dolor se concentra en un punto muy concreto puede producirse una fractura por estrés.

La fractura por estrés longitudinal de la tibia corresponde aproximadamente al 73% del total de las fracturas por estrés. Suele observarse una línea de fractura en la cortical proximal o distal de la tibia, con engrosamiento cortical y reacción perióstica. Una forma inusual es la fractura longitudinal de la tibia. Esta fractura se ubica en el plano vertical y puede involucrar a la corteza tibial anterior o posterior. La radiología es normal y generalmente la TC o RM sugieren el diagnóstico. La RM tiene la ventaja de mostrar, además, la presencia de edema en la médula ósea o en las partes blandas.






SOBRE EL AUTOR

Francisco Gilo
Medico



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