Corriendo por los puertos míticos (XXII): Serra do Rio do Rastro, Brasil

Por Jorge González de Matauco para carreraspopulares.com - 18/10/2016

Cuando comencé esta travesía por los puertos míticos, sin más pretensión que la de descubrir corriendo algunos de los rincones de montaña que más me habían impresionado fundamentalmente en las grandes rondas ciclistas, de las que soy ferviente seguidor, poco me podía imaginar que semejante andadura me iba a llevar hasta Brasil. Tras la decisión de sacar la aventura fuera de Europa, navegué por la red buscando alguna vía espectacular en Sudamérica que acogiera una carrera pedestre.

Me centré en los países andinos y encontré puertos imponentes, como el camino a Los Yungas o carretera de la muerte, en Bolivia, el paso de los Caracoles, entre Argentina y Chile, o el interminable alto de Letras, de 83 kilómetros, en Colombia, pero no parecía haber nadie que hubiera pensado en ellos como escenario de una carrera. Después de varios intentos frustrados con dichos países alpinos, no sé ni cómo se me ocurrió buscar algo en Brasil, que se me antojaba el destino menos probable para encontrar montañas espectaculares, ya que la imagen que tenía del país estaba dominada por los tópicos acerca de sus playas, sus carnavales, su samba, sus selvas amazónicas y su buen tiempo asegurado. De haber montañas, pensaba, siempre estarían eclipsadas por las de países como Argentina, Chile o Perú. Pero, de repente e inesperadamente, surgió de la pantalla del ordenador una imagen con una carretera brasileña que se retorcía en decenas de revueltas y enclavada en un entorno imponente. Se trataba de la Serra do Rio do Rastro y, para mi sorpresa, no tardé mucho en averiguar que ya había sido organizado un maratón con un trazado que recorría la carretera en su integridad. Su nombre, el Mizuno Uphill Marathon.

Tras encontrar el destino y la carrera surgió un nuevo problema. Las inscripciones para la edición de 2016 ya estaban completamente cerradas y era imposible obtener un dorsal por esta vía. De hecho, el evento es tan popular en Brasil que los miles de aspirantes que realizan la preinscripción deben pasar por un sorteo que finalmente adjudica las plazas de manera definitiva. Sin nada que perder, con el fin de obtener una posible invitación, escribí a la organización citando alguno de mis libros y, como punto fuerte, los reportajes de la serie Corriendo por los puertos míticos para carreraspopulares.com. Unos meses más tarde, la organización me envió la invitación como corredor y representante de prensa escrita, a cambio de la realización de este capítulo de la saga.


La creación de la carrera

El ideólogo del Mizuno Uphill Marathon no es otro que Bernardo Fonseca, un gran aficionado a las carreras extremas, vencedor del Antarctic Ice Marathon y Ultramarathon en 2010 y director comercial de la empresa organizadora X3M. Cuando Mizuno expuso su idea de patrocinar un maratón de asfalto en subida, Bernardo propuso la opción de organizar la carrera en Serra do Rio do Rastro, elegida una de las carreteras más bellas del mundo en 2012. Así, el Mizuno Uphill Marathon se puso en marcha en 2013 con un éxito absoluto, pues inmediatamente corrieron como la pólvora las noticias sobre la belleza del escenario y la dureza del recorrido. Dado semejante éxito, para esta cuarta edición (2016) se programaron por primera vez tres competiciones: una subida de 25 kilómetros, con un tiempo límite de tres horas y media; un maratón tradicional, con un tiempo límite de seis horas; y otra categoría para los atletas que participaran en ambos recorridos (67 kilómetros), bautizada como Desafío Samurai. Casi 9.000 preinscritos optaron a convertirse en uno de los 1.200 afortunados que pudieron participar en alguna de las pruebas.


El lugar

¿Qué tiene la Serra do Rio do Rastro para seducir de esa manera a una empresa de reconocida fama mundial como Mizuno? Ubicada geográficamente en el estado de Santa Caterina, uno de los estados más meridionales de Brasil, la Rodovia SC-390, su nombre oficial, comienza su historia allá por 1870, ideada como una pista de tierra que conectara el mar con las zonas montañosas con el fin de transportar a estas últimas víveres de primera necesidad. El viaje podía durar días, con la mercancía cargada a lomos de los burros, muchos de los cuales se perdían o caían pendiente abajo. No fue hasta la década de los ochenta del siglo XX cuando la pista se asfaltó, conservando aquello que era más característico: sus innumerables y cerradas curvas de herradura (quienes afirman haberlas contado las cifran en 284).

Otra de las peculiaridades de la carretera es el alumbrado que se instaló en los últimos ocho kilómetros de la subida, por medio de unas farolas pintadas de verde. Y, por último, también cabe hablar de sus miradores, especialmente los dos últimos. En el de la cima, acompañado de manadas de atrevidos coatíes, se puede disfrutar de unas panorámicas asombrosas sobre el recorrido tortuoso de la carretera en medio de la sierra, con sus montañas, sus cañones y su cascada, todo ello en un entorno cubierto por especies endémicas de vegetación, especialmente bosques de pinheiros brasileiros (araucarias). La escalada propiamente dicha, que comienza en la localidad de Lauro Müller y finaliza en ese mirador de Bom Jardim de Serra, consta de 25 vistosos kilómetros que hacen que la Serra do Rio do Rastro haya sido calificada en repetidas ocasiones como una de las carreteras más espectaculares del mundo.

La carrera

Ese es pues el escenario en el que tendrá lugar la primera de las carreras, la subida de 25 kilómetros, que es en la que voy a participar y que nos llevará de los 210 metros de altitud de Lauro Müller a los 1.420 de la meta, con un desnivel positivo de 1.210 metros.

La jornada comienza bien temprano, a las cinco de la mañana, con el traslado a Lauro Müller desde el hotel en el que estoy instalado con los medios de prensa, a unos 50 kilómetros de la salida. A esa hora, la temperatura es fresca, catorce grados, y la niebla es muy cerrada, y, como ya llevo un par de días por la zona y he comprobado la persistencia de las neblinas, sospecho que no habrá oportunidad de disfrutar de las vistas que proporciona el recorrido. Sin embargo, ante mi incredulidad y los aplausos de los participantes, el speaker anuncia que más arriba el cielo está despejado y la sierra lucirá en todo su esplendor.

Así pues, a las siete en punto, desde una línea de salida muy japonesa representada con una puerta tori, comienza la prueba con un callejeo por la localidad de Lauro Müller (210 metros de altitud). Tras la salida (la largada, como dicen por aquí), pronto sorprenden un par de repechos muy duros hasta que la pendiente se estabiliza para conformar un suave ascenso continuado, con algún breve descenso incluido. Se va atravesando una zona rural, con humildes aldeas agrícolas, granjas y viviendas de poca altura. Y lo que yo no me había creído resulta ser cierto. La niebla se va disipando poco a poco, al tiempo que sus restos forman un bello contraste con las montañas cubiertas de verde. Como siempre me ocurre en carreras semejantes, me parece un auténtico privilegio estar corriendo por estos parajes, así que trato de disfrutar el momento olvidando todo lo que no sea el recorrido. Además, como la carretera ha sido cerrada al tráfico no hay que preocuparse de los coches.

A partir del kilómetro 12 empieza realmente la ascensión. Lo que había habido hasta entonces solo era un aperitivo. Pero será en el kilómetro 17 cuando la pendiente se empine todavía más y tenga que pasar del registro correr al registro andar. La carretera se hace más estrecha y rugosa, y está flanqueada por esas farolas verdes que por el día, lógicamente, están apagadas. Hemos pasado del fresco al calor, ya que el sol se asoma incluso demasiado y me sobran hasta los manguitos. Pero es también la fase más vistosa de la carrera, cuando la carretera se retuerce de forma ininterrumpida por la montaña y atravesamos continuamente miradores que dibujan asombrosas panorámicas sobre las curvas y sobre la llanura ya lejana. Los corredores que marchan por detrás son meros puntitos en medio de esa calzada tan serpenteante. Aprovecho para hacer algunas fotos, aunque me cueste perder algunos puestos. Y de paso me sirve como excusa para descansar, ya que los últimos son unos kilómetros agónicos que no parecen tener final. Poco se puede ya correr, dado el esfuerzo anterior y la acusada inclinación del asfalto. Una última rampa considerable lleva al final de la ascensión y al cambio de orientación. Solo falta un kilómetro de ligero descenso y la carrera estará finalizada entre las escenas habituales de alegría que se dan en toda carrera que exige un esfuerzo similar a esta.

El Maratón

Por la tarde, ya como espectador después de terminar mi reto, me dispongo a presenciar la prueba reina, el maratón. A partir del kilómetro 16, el trazado será idéntico al de la prueba de ascenso. Antes, los participantes habrán superado esos 16 kilómetros por un trazado rompepiernas entre las localidades de Treviso y Lauro Müller. El maratón va a estar marcado por un brusco cambio de tiempo, muy propio de estas latitudes. Si por la mañana el cielo permaneció abierto y el tiempo fue apacible, la tarde castiga con vientos gélidos, lluvia y niebla espesa. No hay que olvidar que estamos a principios de septiembre y aquí todavía es invierno.

El vencedor es Marcelo Rocha, de profesión cartero, que, sin embargo, se queda a más de cinco minutos de su récord de la prueba establecido en 2015: 3 horas 12 minutos 11 segundos. Tanto la salida como la llegada han estado acompañadas de música tradicional japonesa con tambores (tai-ko), lo que contribuye a una mayor teatralidad épica, sobre todo con la llegada de los atletas en medio de la niebla y las expresiones de satisfacción que acompañan a cualquier maratón, aumentadas si cabe por las condiciones adversas que han soportado los corredores.

Después de tantas emociones, quien necesite un descanso puede obtenerlo muy cerca, ya que, como en otros de los puertos reflejados en esta serie, existe en la cima un complejo hotelero de ensueño (el Eco-Resort Rio do Rastro), donde se puede disfrutar de un oasis de relax y tranquilidad, a un precio exagerado, eso sí.

Los enviados a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro llenaron sus crónicas de referencias a la inseguridad, los mosquitos y el virus Zika, cierto caos organizativo, desigualdades, corrupción o recesión económica. No está de más recordar queexiste otro Brasil mucho más positivo, muy alejado de los estereotipos con los que se etiqueta al país, un Brasil de imponentes paisajes de montaña, de imprevisibles cambios de tiempo, de frío y niebla, de tranquilidad, soledad y absoluta seguridad fuera de los espacios urbanos, un Brasil mucho más pacífico, amable y sereno que el que presentan los periódicos. Ese es, por tanto, el otro Brasil que podrá descubrir cualquier corredor viajero que visite la Serra do Rio do Rastro. Lo que en modo alguno resultó un tópico, sino una auténtica realidad fue la hospitalidad y las atenciones que me brindaron todos los miembros del equipo de la organización, de Mizuno y, en general, todas las personas que encontré en mi camino. Un aliciente más para volver a esta tierra tan acogedora.

Agradecimientos: A X3M y Mizuno. A Bernardo, Warley, Kaique, Amanda y, especialmente, a Tereza.

Más información: [ Aquí ]

Jorge González de Matauco
Autor del libro En busca de las carreras extremas

SOBRE EL AUTOR

Jorge González de Matauco
Autor del libro “En busca de las carreras extremas“



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