Triángulo de amor runner, entrenamientos cruzados, vidas cruzadas

Por Raquel Landín para carreraspopulares.com

Hace ya tiempo que empezó nuestra relación, fue cosa del destino. Yo sabía que existías
pero pasaba de tí, la verdad. No me atraías nada, ¡qué quieres que te diga! y eso que me
habían hablado bastante bien de ti. De hecho una de mis mejores amigas no hacía más
que insistir en que dejara de correr y quería que te conociera, pero yo siempre
respondía lo mismo “no, ¿por qué?, ¿para qué? Así estoy bien, siempre lo he estado”.
Pero a ella se sumo mi Isquio, y créeme cuando quieren pueden llegar a ser muy
pesados.

Te veía al pasar por las mañanas cuando iba a trabajar. Allí estabas tú con tus amigos a
lo vuestro, os mirada por curiosidad pero no me hacías nada de gracia, siempre lo
mismo. Pero mi músculo insistía “Dale una oportunidad” me repetía con voz cansada.

Hasta hace unas semanas, justo cuando aquella forma de correr que siempre me había
entendido y mi Isquio discutieron. Los impactos que me producía El Suelo por el que
acostumbraba a correr le producían demasiado dolor a mi músculo. Empecé a notarme
incómoda corriendo por él, fue ahí cuando nuestros caminos se cruzaron. A la fuerza, y muy
a mi pesar, accedí a darte una oportunidad. ¿Todos nos la merecemos no? Incluso dicen
que una segunda también, yo no lo tengo tan claro.

Nuestros encuentros empezaron siendo esporádicos, no era capaz de comprenderte,
preferí seguir corriendo por El Suelo aún con sus impactos y dolor, era más divertido
que tú, ¿dónde iba ir a parar?. Por él me sentía libre, contigo era como estar presa.

Querías que no me moviera, que simulara correr en el sitio, siempre lo mismo y a mí
eso no me gustaba nada de nada. Intentabas convencerme de que lo que sentía corriendo
por El Suelo era pasajero. Ahí te debí decir que nunca intentes convencer a un corredor
de que lo que siente por correr por El Suelo es tan solo un impulso momentáneo, una
moda, porque precisamente esa pasión no está destinada al agotamiento sino a hacerse
más fuerte con el paso del tiempo.

Eres una máquina aburrida, lo tenía claro y aún así me obligué a cambiar el chip, era
muy pronto para sacar una conclusión tan atacante, hacía poco que te conocía. Pero algo
en tí me decía que persistiera, que aguantase un poco más, que fuera fuerte porque
nuestra relación iba a merecer la pena.


El cambio

Prometí darte una oportunidad y yo soy una mujer de palabra. Así que seguí visitándote.
Pasamos de vernos una vez a la semana a varias veces y, poco a poco, con la tontería de que a
veces tenías una televisión cerca y otras escuchabas música, empezaste a caerme mejor.
Empecé a pillarte el puntito, incluso cuando me despedía de ti me apetecía volver a
quedar contigo
y eso que me dejabas las piernas tan mal que luego me costaba hasta
caminar.

El tiempo pasaba y aunque mi intención era volver a correr por El Suelo, solo tú me
hacías sentir bien, contigo no notaba dolor, me tratabas con cariño a pesar de maldecirte
¿curioso verdad?.

Quería perder lo mínimo posible la forma así que no me quedó más
remedio que aumentar nuestros encuentros semanales, tanto que hasta empezamos a
quedar varias veces al día y como el famoso dicho “el roce hace el cariño” que tanta
razón tiene, te fui comprendiendo cada vez más. Querías enseñarme a ser más paciente,
y desde luego lo conseguiste, porque el tiempo a tu lado parecía no pasar ni a la de tres,
por más que miraba las agujas del reloj, ahí seguían como si las hubieras parado adrede
para retenerme a tu lado más tiempo.

Una vez más te saliste con la tuya, mis pies sobre los tuyos, me hiciste tuya y me
volviste más reflexiva, empecé a comprender mejor las cosas, a valorarlo todo un poco
más y, como si de uno de mis largos viajes alrededor del mundo se tratase, el tiempo a tu
lado me hizo crecer como persona.

Pero yo seguía echándolo de menos, a pesar de haber tenido nuestras crisis, seguía
enamorada, no podía evitarlo, lo siento. En el fondo tú lo sabías, pero no lo querías
admitir. Compréndelo, yo y El Suelo éramos uno, nuestra relación empezó hace ya
muchos años, era pura pasión
, no podíamos vivir el uno sin el otro.

Tú me has enseñado cosas que nadie antes lo había hecho, gracias a ti he crecido, he
comprendido y aprendido. Enfrentarme a ti me ha hecho más fuerte. Pero no te voy a
mentir, El Suelo me atrae más. No por ello tenemos que dejar de vernos. De hecho me
gustaría seguir quedando contigo
, ponernos al día y seguir teniendo nuestros momentos
de reflexión juntos, ya sabes. Aunque pueda sonar a tópico me gustaría que fuéramos
buenos amigos.


Ahora que te conozco más a fondo, creo que eres una máquina de las que realmente vale
la pena
, y aunque mi atracción por tí no haya ido a más a pesar de tus esfuerzos, siempre te estaré agradecida. Tu paso por mi vida de atleta ha significado un nuevo comienzo en el que espero no cometer los mismos errores.

Espero que no te enfades Elíptica, tampoco ha estado tan mal. Bueno, ¿qué me dices?


Raquel Landín es atleta y entrenadora
Web: [ www.raquellandin.es ]
Twitter: [ @RaquelLandin_ ]

SOBRE EL AUTOR

Raquel Landín
Atleta y entrenadora

www.raquellandin.es



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