El incierto origen del maratón

Por Kike Nieto para carreraspopulares.com

Quién más quién menos ha oído la historia de Filípides, un soldado ateniense que tras la batalla de Maratón corrió hasta Atenas, a unos 40 kilómetros de distancia, para dar la noticia de la victoria antes de caer muerto. Como relato mítico es inmejorable, pero si analizamos los datos de los historiadores de la época vemos que hay pocos puntos claros. De hecho, incluso existen dudas de si el nombre del mensajero era Filípides o no: hay quien apunta que en realidad era Eucles, pero pasaremos esto por alto.

De lo que estamos seguros es de que hubo una batalla de Maratón, en el pueblo griego del mismo nombre que todavía existe. Tuvo lugar en el año 490 antes de Cristo y enfrentó a persas y atenienses. Fue parte de las llamadas Guerras Médicas. Y es cierto que los griegos lograron vencer a pesar de estar en clara inferioridad numérica; se dice que incluso eran 10.000 contra 50.000 persas.

Refiriéndonos más en concreto a la hazaña de Filípides, hay discrepancias, aunque los datos más fiables parecen hacernos dudar de la versión que casi todos conocíamos. Lo más posible es que Filípides no fuera a Atenas, sino a Esparta, que está a 250 km de distancia. El objetivo era pedir refuerzos para luchar contra los persas. Lo peor es que, tras un esfuerzo tan descomunal, los espartanos no podían luchar en ese momento porque estaban celebrando un festival religioso y su viaje fue en balde, porque llegaron cuando los atenienses ya habían vencido. Esta versión está corroborada por el historiador griego Herodoto.

De todas formas, no acaban aquí las dudas, pues incluso aceptando como cierta la historia más popular sobre el origen del maratón, no es seguro que la distancia rondase los 40 kilómetros. La ruta más plana tiene más o menos esa distancia, pero hay un camino alternativo que en lugar de rodear una montaña la sube, por lo que cabe preguntarse si el maratón no debería tener 7 kilómetros menos, incluyendo la subida y bajada de una montaña.

Pasando al maratón en la era moderna, cuando el barón Pierre de Coubertin pensó en organizar una olimpiada tenía claro que tenía que incluir una carrera épica inspirándose en el mito de Filipides, un último evento que acabe en el estadio olímpico. Sin embargo, quedaba por concretar la distancia, que en aquel entonces se definía, de forma bastante vaga, como de aproximadamente 40 kilómetros o 25 millas. Esto ocasionó que hasta 1924 no hubiese 2 maratones con una longitud igual.

Por fin se decidió en 1924 que la distancia establecida fuera la del maratón de los Juegos Olímpicos de Londres de 1908, 26 millas y 385 yardas, los famosos 42’195 kilómetros. Aunque de nuevo es una distancia fruto de la casualidad: para esta ocasión se estableció una primera ruta de unas 26 millas. Después hubo que alterar el punto de salida, porque por una parte se temía que la gente que fuese a ver la carrera en ese punto entorpeciese a los corredores, y por otra la familia real británica quería ser testigo de la prueba. Por ello la línea de salida se estableció dentro de los jardines privados del palacio de Windsor. Además, en la llegada se intentó que la mayor cantidad de espectadores viese el evento, por lo que se añadió una vuelta casi completa al estadio, de ahí las 385 yardas que añadieron a las 26 millas.

Por tanto vemos que como resultado de mitos no probados, transmitidos oralmente y de casualidades históricas se ha fijado esta prueba que es, en más de un sentido, mítica.

SOBRE EL AUTOR

Kike Nieto
Corredor de Historias


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