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¿Por qué nos sentimos mejor después de hacer deporte?

Por Francisco Gilo para carreraspopulares.com

Todo el que hace ejercicio con regularidad, habrá notado que, tras la sesión de entrenamiento, experimenta una sensación de bienestar muy particular, un aumento de energía al tiempo que una sensación de relajación placentera diferente a la que siente con otras actividades. Sin embargo, aunque la experiencia resulte fácil de relatar, es poco probable que sepa explicar a qué se debe esta sensación.

¿Qué bases fisiológicas y psicológicas están detrás de ello?

Cuando hacemos ejercicio, nuestro cerebro segrega unas sustancias que se llaman endorfinas. Muchos habrán oído hablar de ellas como los “antidepresivos naturales”. Estas sustancias tienen una estructura parecida a la de los derivados del opio, como la morfina y la heroína (de ahí que a veces se las conozca como “opiáceos endógenos”), con un efecto relajante y analgésico parecido al del opio, pero sin los efectos negativos de éste.

La parte de nuestro cerebro encargada de procesar las emociones, el “cerebro emocional”, contiene multitud de receptores para estas sustancias, por lo que, cuando hacemos ejercicio, estamos mandando más cantidad de endorfinas a nuestro cerebro emocional, estimulando los centros de placer y provocando con ello una sensación de calma y bienestar tanto física como mental.

Además, estas sustancias tienen un efecto en la disminución del dolor. Cuando nos hacemos daño, nuestro cerebro segrega endorfinas encaminadas a disminuir esa sensación y ponernos a salvo. Del mismo modo, ante una situación de estrés o dolor emocional, las endorfinas actúan disminuyendo la intensidad de dicho dolor, por lo que, tras la sesión de entrenamiento, solemos sentirnos como si las preocupaciones nos pesaran menos.

No menos importante que el aspecto fisiológico, es el componente psicológico del ejercicio. El tiempo que dedicamos al deporte resulta ser un momento de aislamiento de los problemas y el estrés de la vida diaria. Resulta relativamente frecuente ver a una persona responder un correo electrónico mientras ve la televisión en el sofá de su casa, o hacer una llamada de negocios mientras come. Sin embargo, es difícil hacer estas cosas mientras se está corriendo o montando en bicicleta, por lo que la desconexión es mayor, lo que redunda en una reducción del estrés.

Lograr propósitos, alcanzar metas

Otro de los efectos positivos se debe a la sensación de superación y de logro que el deporte implica. Cuanto más entrenamos, mayor es nuestro rendimiento; somos capaces de correr distancias mayores, hacer ejercicios más exigentes y en definitiva, aumentar la intensidad del entrenamiento. Deportes como el crossfit, por ejemplo, apoyan su éxito, entre otras cosas, en el hecho de que suponen un reto contra los propios límites: una competición contra uno mismo y una sensación constante de autosuperación.

Sin ir más lejos, después de una sesión de golf que se ha dado bien, salimos satisfechos, tras un buen partido de paddle salimos pletóricos o podemos terminar una carrera con esa sensación de “¡lo he conseguido!”. Eso, indudablemente, ayuda a mejorar nuestra autoestima de forma inmediata, aumentando nuestra motivación y nuestras ganas de esforzarnos y sacar lo mejor de nosotros en el resto de facetas de nuestras vidas, extendiéndose el efecto positivo a todas las esferas vitales.

El aspecto social no es un factor menos importante, pues a menudo el deporte nos permite conocer gente, entablar nuevas amistades o afianzar las que ya tenemos y compaginar dos importantes esferas de nuestra vida: las relaciones sociales y el cuidado de la salud, en un solo momento.

Sin embargo, para obtener todos estos beneficios no es necesario disponer de una gran cantidad de tiempo o hacer sesiones de entrenamiento extenuantes. Busquen media hora al día y desempolven unas zapatillas viejas. Basta con un pequeño rato caminando a un buen ritmo para empezar a generar el hábito y notar los efectos beneficiosos.
Hacer ejercicio diario nos hace sentir bien

Hay muchas razones que nos llevan a practicar deporte: por salud, por bienestar, para ganar masa muscular, adelgazar, para sentirse bien con uno mismo o más realizados… Cada uno tiene sus motivos, pero lo cierto es que, al final, todos acabamos haciendo deporte porque nos hace sentir bien, puede que acabemos muy cansados y que al día siguiente tengamos agujetas, pero por alguna extraña razón, siempre acabamos volviendo a practicar deporte. Parece que seamos masoquistas, pero es que una vez descubres el placer en el deporte ya no quieres parar de hacer ejercicio. ¿Sabes por qué ocurre? Continúa leyendo para saberlo:

¿Por qué encontramos placer en el deporte?

El deporte se recomienda para mejorar y mantener la salud física, ya que aporta grandes beneficios, pero lo cierto es que también mejora nuestra salud mental, a nivel psicológico el deporte también tiene un impacto positivo y eso es algo que no debemos obviar, ya que es igual de importante que la física.

Practicar algún deporte sirve de pasarela hacia el placer y el bienestar y es que mientras hacemos ejercicio desconectamos de nuestra vida diaria y de nuestros problemas, lo que ayuda a relajar la mente y a centrarnos en lo que hacemos en ése preciso instante.

Aparte de pasarlo bien mientras hacemos deporte, hacer ejercicio nos permite conocer a gente, puede que al principio sean meros desconocidos, pero como al menos ya tenemos una cosa en común, el deporte, ya es un buen inicio para entablar conversación y hacer nuevos amigos. Así que no pierdas la oportunidad y habla con tus compañeros de gimnasio, te sorprenderás de la gente maravillosa que puede llegar a conocer haciendo deporte.

Mientras hacemos ejercicio liberamos endorfinas, unas hormonas que nos hacen sentir bien, reducen las sensaciones negativas y el dolor, eso no solo mientras practicamos deporte, sino que su efecto dura hasta varias horas después de haber hecho ejercicio. Además, durante el deporte también se liberan otras hormonas que ayudan a que nos sintamos mejor. Es por esto que el deporte engancha tanto, te hace sentir tan bien que es algo que quieres volver a sentir una y otra vez. La sensación que tenemos se puede comparar a la que produce la morfina o el éxtasis.

Otra de las razones es que nos hace estar en forma, quemamos grasa, con lo cual estamos más delgados, nos vemos mejor, somos más ágiles, más fuertes y tenemos más resistencia. Esto también nos ayuda a mejorar nuestras relaciones sexuales. Aparte de tener mejor salud como hemos dicho antes.

Es importante no obsesionarse con el deporte, ejercitarse muchas horas sin respetar los descansos puede ser contraproducente, nos añade estrés y presión, con lo que se aleja del propósito inicial de relajarse y sentirse mejor. La obsesión nos lleva a forzar demasiado el cuerpo y podemos sufrir una lesión y el deporte, entonces, pierde toda diversión.

No olvidemos que el deporte tampoco puede ser una obligación, si bien puede empezar como una prescripción médica o una imposición, a larga nos daremos cuenta y notaremos los beneficios del deporte y lo haremos por gusto. Eso es lo ideal.

El placer en el deporte se puede considerar el conjunto de estas cosas que acabamos de mencionar, y es que por mucho que lo pasemos mal mientras hacemos los ejercicios, la sensación de placer, de haberlo logrado y de orgullo propio por habernos esforzado, supera con creces la negativa. Y eso es lo que nos hace volver a practicar deporte cada vez que podemos

SOBRE EL AUTOR

Francisco Gilo
Licenciado en Medicina y Cirugía

www.temasmedicosdiversos.com


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