Atletas que debieron pasar a la historia: Maureen Wilton Mancuso

Por Chema Martínez Pastor para carreraspopulares.com
La joven Maureen en carrera
La joven Maureen en carrera

Con el maratón como tema del momento gracias a la gesta de Eliud Kipchoge en el maratón de Berlín, nos parece una ocasión perfecta para recordar a una atleta que, si bien sí está en el recuerdo de muchas personas, sobre todo en su Toronto natal, muy poca gente podría hablar de ella sólo conociendo su nombre. ¿A alguien le suena el nombre de Maureen Wilton Mancuso?

Probablemente el año que viene se oiga mucho más acerca de esta atleta, debido al más que probable lanzamiento de un libro que se llamará “Little Mo: The Story of a Forgotten Young Running Revolutionary” (“La pequeña Mo: La historia de una olvidada y revolucionaria joven corredora”). Este libro contará cómo una pequeña de 13 años consiguió, solo dos semanas después de la famosa aparición de Kathrine Switzer en el Maratón de Boston batir el récord del mundo de maratón en más de 4 minutos.

Y es que la historia de Mancuso merece ser contada, cuantas más veces mejor. Porque, además de ser una historia llena de energía y de superación, su historia es una anomalía, algo que no estaba predestinado a suceder y que aún así, sucedió. Probablemente nadie lo intentó en su día y ya es imposible de conocer cuáles son las razones que convirtieron a esta joven canadiense en historia involuntaria del atletismo.

El primer motivo por el que su historia es difícil de asumir es por su participación en un maratón. Y es que no hace tanto, las mujeres no solo tenían prohibida su participación en los maratones sino que era muy extendido el pensamiento de que físicamente no podían completar un maratón. Por ejemplo, el Maratón de Nueva York no empezó a ofrecer una categoría femenina hasta 1971.

En el año 1967, el ‘Eastern Canadian Marathon Championships’ no tenía una reglamentación al respecto. Al intentar inscribirse, nadie le puso problemas para hacerlo, aunque desde la organización de la prueba se le intentó convencer para que no lo hiciera. Mancuso era una joven corredora que destacaba en el cross y en pista, que entrenaba cinco o seis días con su hermano en el club local de atletismo. El apoyo de su familia fue vital para que en esos primeros años, la joven Maureen siguiera con su afición, la cual se le daba muy bien.

Sin embargo, como ella misma comentaba “yo no disfrutaba corriendo maratones, no eran lo mío”. Ella sí admite, no obstante, que la distancia del maratón le iba bien: “no había entrenando para esta carrera, pero tenía un talento especial para la larga distancia”.

Así, con el apoyo de su entrenador, se apuntó a dicha carrera, con tan solo 13 años. A pesar de tener muy estudiado el ritmo de carrera que debía seguir, su inicio fue bastante conservador, corriendo casi 30” por milla más lenta de lo que tenía planeado hacer. En el aire estaba ese récord del mundo, en posesión de la neozelandesa Mildred Sampson, con 3:19:33. Tras ese inicio dubitativo, tanto el entrenador de Mancuso como sus padres, que habían ido a apoyarla, le indicaban desde el exterior del circuito que debía acelerar su paso. Así lo hizo, entrando en meta en un tiempo de 3:15:22. Al entrar en meta, el equipo médico de la prueba pudo atestiguar que su condición física era mucho mejor que la de los corredores masculinos que entraron a su lado en dicho tiempo. Por lo tanto, el talento natural de Mancuso se imponía a toda lógica.

Por desgracia, la opinión pública se salió con la suya, ya que se ponía en duda que esta disciplina fuera positiva para una mujer y además de 13 años. Esto, unido a su poco interés por el maratón, hizo que la joven siguiera su carrera compitiendo en otras distancias más cortas. Se mantuvo en sus competiciones de cross y aunque intentó disputar algún maratón más adelante, nunca llegó al nivel anterior. La adolescencia vería sus últimos contactos con el atletismo y cuando salió del instituto, no estaba interesada en seguir corriendo. Dedicaría el resto de su vida al cuidado de sus hijos.

Es difícil saber qué habría pasado si alguien tan excepcional como Maureen Mancuso hubiera nacido en nuestros días. Pero pensar en el poco apoyo que tuvo y cómo la sociedad le condujo a no explotar su talento natural para el atletismo hace que nos sigamos planteando qué hemos hecho mal todo este tiempo y qué cosas tenemos que seguir cambiando. De todos modos, lo que sí queda para la posteridad es una niña del este de Canadá que, de repente, sin haberlo planeado, pasó a la historia.

SOBRE EL AUTOR

Chema Martínez Pastor
Corredor Popular


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