Crónica de una runner veraniega sin zapatillas (II)

Por Marisol Galdón para carreraspopulares.com

Después del drama que supuso descubrir, al llegar al apartamento de vacaciones, que no me había traído las zapatillas para correr , decidí que tenía que hacer algo. Vale, reconozco que me costó una mañana entera recuperar el humor y que dejara de pensar que estas vacaciones se habían convertido en un rollo. Pero por supuesto, nada más lejos. Estoy de viaje en un entorno maravilloso, muy bien acompañada y, pese a que no me he traído la herramienta principal para realizar mis entrenamientos por la mañana, no podía dejar que ese olvido me chafara el resto del viaje.

Así que me puse a explorar mis alternativas. Ayer alquilé una bici para salir a explorar las rutas que pensaba hacer corriendo. No soy buena ciclista, en el sentido de que me canso muy fácilmente de ir sentada, me molesta el sillín y echo de menos dar zancadas. Pero tengo que reconocer que ha sido una buena alternativa. Con la bici, he podido, en el mismo tiempo, llegar más lejos y explorar con mayor éxito los caminos que hay cerca de mi apartamento en la playa. Y la verdad es que es una gozada. He encontrado una cala en un pinar a la que no habría llegado corriendo (creo que está a unos 12 kilómetros de casa). Al ir en bici me puedo permitir, además, llevarme la toalla y darme un baño tranquilamente, sin la molestia que suponía otra veces bañarme con la ropa de correr y salir corriendo casi sin secarme.

Pero, como digo, no soy buena ciclista. Me ha gustado pasear con la bici y descubrir una playa que puedo disfrutar casi en solitario a primera hora de la mañana. Pero me falta algo. Tengo la sensación de que no he hecho deporte. Como la bici alquilada es de paseo y como no estoy acostumbrada, no puedo decir que haya hecho mucho ejercicio. No siento las piernas palpitando después de casi una hora con la bici. O sea, sí las siento cansadas, pero no es lo mismo. Por momento, me ha frustrado no ser capaz de encontrar un sustituto al running que me provoque la misma sensación de bienestar. Pero no puedo rendirme. Al fin y al cabo, se trata de ejercitar el corazón para sentirme bien, no debería costarme tanto.

Por tanto, esta mañana he intentado algo diferente. Al paseo en bici (y consiguiente baño), he añadido una rutina de entrenamiento de piernas que he encontrado en el blog de mi entrenador. Por suerte, hoy en día es muy fácil encontrar estas cosas con el móvil. Aunque muchos de los ejercicios ya los recordaba de algún entrenamiento. Básicamente, lo que he hecho: ejercicios de multisalto en unas escaleras en el paseo marítimo, con una pierna, con dos, saltando los escalones de dos en dos... También he aprovechado el murete que separa el paseo de la arena para hacer algunas impulsiones (lo siento, profe, con los burpees no me he atrevido). Y ahora creo que ya puedo decir que he encontrado el sustituto perfecto para el running, al menos durante los días que esté en la playa. Este ejercicio de piernas mientras el sol aún no ha empezado a calentar y la playa está medio vacía es un excelente complemento a mi paseo en bici y me permite llegar a casa con la sensación del “trabajo bien hecho”. Ahora ya sí, puedo decir que estoy disfrutando de manera plena de mis vacaciones.

¿Y si pienso todo esto, por qué esta tarde pienso acercarme al centro comercial a buscar unas zapatillas de running...?

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Marisol Galdón


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