El ´efecto dorsal´

Por May Luján para carreraspopulares.com

Sacas del bolsillo esos cuatro imperdibles. Coges el trozo de papel con tu número, te lo colocas en el abdomen y ¡zas! Todo cambia. A partir de ahí, tus piernas suelen ir mejor de lo que suelen responder en los entrenamientos (bueno, aunque quizás ya sepas que esto no es una ciencia exacta y no siempre sucede así). Tus pulmones trabajan a mayor rendimiento y tu cabeza está más centrada. Es el llamado ‘efecto dorsal’.

Recuerda ahora tus entrenamientos. Esos en los que vas a muerte, con esos rodajes en los que acabas a duras penas o esas series de 1.000 en las que llevas un ritmo imposible de mantener más de 5 minutos. ¿Cómo es posible que luego te plantes en una carrera de 10 kilómetros, por ejemplo, y seas capaz de rodar más rápido de lo que esperabas? O incluso de mantener ese ritmo endiablado durante tres cuartos de hora?

El día de la carrera todo cambia. Lo habrás escuchado. Ese ‘efecto dorsal’ es una expresión que viene a recoger un compendio de situaciones y actitudes que, de repente, nos hacen rendir mejor de lo que pensábamos que seríamos capaces.

Aspectos que nos hacen rendir más cuando nos ponemos el dorsal

El ambiente.
Obviamente no es lo mismo correr solo que rodearte de centenares o miles de personas. La música, el arco de salida o la cuenta atrás, todo hace que se cree un contexto especial, casi mágico. Un ambiente que te impulsa. Comienzas a segregar adrenalina y tu corazón se dispara. De hecho, si habitualmente corres con pulsómetro, fíjate en las pulsaciones que tienes justo cuando vayas a salir. Probablemente estén más altas de lo que toque. Es decir, sales con mucha motivación. Muchos nervios también, sí.

Atención máxima. En las carreras prestas mucha más atención a todo. Quieras que no, te evalúas casi cada centenar de metros. Vas pensando en todo lo que pasa en tu cuerpo, en tu ritmo de zancadas, la respiración, etc. Básicamente, todo tu centro de control está orientado a ver cómo estás. Eso hace que, con esa medición perfecta, puedas ir a tope de tus fuerzas. Cuando entrenas, sin embargo, muchas veces vas pensando en otras cosas o hay otros condicionantes que te distraen más.

Las condiciones óptimas. Piensa ahora en algunos de tus entrenamientos y las condiciones que los han rodeado. ¿Dormiste lo suficiente? Cuando saliste a entrenar, ¿habías trabajado ese día? ¿Cuántas horas pasaste de pie? En cambio, cuando vamos a una carrera, especialmente si la hemos estado preparando, solemos llegar con más descanso en nuestras piernas. Nos hemos tratado de alimentar algo mejor. En general, medimos mejor lo que hacemos en las horas previas para así tratar de estar a tope.

El entrenamiento construye, la competición destruye. Piensa que en realidad esos esfuerzos que haces en los entrenamientos están cimentando una buena base para que el día que salgas a competir con dorsal puedas ofrecer un poco más y las cosas te salgan. Eso sí, cuando sales a competir, ya no estás cimentando nada. Ahí vas tan fuerte que destrozas buena parte del trabajo. Las cosas puede que te salgan bien, pero ya no podrás repetirlas el domingo siguiente, necesitarás volver a construir esos sólidos muros otra vez con más trabajo, más descanso, más entrenamientos, etc.

Consecuencias perniciosas del efecto dorsal

Cuando te pones un dorsal, muchas veces estás en el filo de la navaja. Si sales a la carrera a competir y a darlo todo, te vas a poner en una situación tan límite que, o las cosas te salen muy bien, o lo tiras todo por la borda.

Por una parte, ten cuidado con la salida. No hay salida de carrera en la que (salvo aglomeraciones), los atletas no vayan algo más rápido de lo que habían planeado. Muchos seguís ya con ese ritmo y al final conseguís una buena marca. Pero siempre es mejor regular y seguir los planes. Ten cuidado en esos primeros centenares de metros.

Debes tener mucho cuidado con el entorno y elegir muy bien a tus compañeros de viaje. Fíjate en la gente que te rodea. Encontrarás corredores y grupos que van algo más lentos de lo que tú puedes ofrecer y querrás adelantarles. Estos adelantamientos puede que no siempre sean buenos. Si das tirones o te quieres distanciar mucho, puede que estés forzando la máquina. Hazlo con calma y suavidad.

Por otra parte, ojo con los grupos rápidos. El efecto dorsal puede que esté actuando sobre ti, pero no eres un superatleta y, aunque puedas seguir a un grupo rápido durante unos minutos o kilómetros, plantéate si no estás pidiendo demasiado y si lo podrás hacer durante toda la carrera.

Toda esa adrenalina que has generado en la salida, esos primeros metros que te han llenado de nervios, debes usarlos a tu favor, y no en tu contra. Recuerda que el ‘dorsal’ te ofrece nuevos superpoderes, pero piensa muy bien que las piernas y la cabeza son quienes siguen trabajando. Pídeles lo que toque.

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