¿Por qué no voy a pensar que soy mejor?

Por carreraspopulares.com

Acabo de tener una revelación. Desde hoy, voy a comenzar a pensar que puedo ser mejor corredora, más veloz.

Supongo que es una consecuencia del verano. Tengo más tiempo para mí, para relajarme en la piscina, para devorar libros de Stephen King y Paul Auster, para olvidarme del despertador. Bueno, olvidarme no, solo retrasarlo, porque me estoy preparando la Behobia y para hacer las tiradas largas de los fines de semana me tengo que levantar temprano para huir del calor.

Lo que os quería contar es que he comenzado a pensar que soy mejor corredora.

Aunque llevo casi cinco años corriendo, aún no me veo como una verdadera runner. Hasta los 35 años nunca había practicado deporte de manera continuada. Siempre me he sentido y me han hecho sentir gordita, aunque ahora mirando las fotos de adolescencia y universidad no veo a una gordita en ellas. Del mismo modo me han llamado cuatro ojos, aunque nunca he llevado gafas, únicamente por el hecho de que me gustaba leer y estudiar.

Con siete años participé en una carrera en la urbanización en la que solo éramos tres participantes... y yo quedé la tercera. Oro, plata y mierda, corearon los niños cuando nos repartieron las medallas.

Hace unos años me cansé de encerrarme en un gimnasio al salir del trabajo y cambié la elíptica por ir a pasear por el barrio. Me descargaba audiolibros y cada día andaba un poquito más, enganchada no tanto a la historia que iba escuchando como al bien que me hacía mover el cuerpo al aire libre.

El carril bici estaba repleto de paseantes, ciclistas y... runners. A estos últimos les miraba con envidia. Me parecía fascinante su velocidad y su resistencia. Yo nunca había sido capaz de correr ni para coger el autobús, pero, si tanta gente lo hacía ¿podría yo correr?

Simplemente se trataba de lanzarme a poner un pie detrás de otro, a distanciar las zancadas, soltar el cuerpo. Correr. De estos inicios podemos hablar otro día. Seguro que los tuyos y los míos son muy similares.

Aunque en estos años he conseguido ser constante, entrenar al menos 3 días en semana, tener bastante controlados los 10K y llegar a hacer una media maratón soy lenta, muy lenta, creo que no tengo apariencia de corredora y me sigo viendo como la que ganó la medalla de bronce en la competición de solo tres.

Pero, ¿no es hora ya de dejar esos pensamientos de lado? ¿Y si me creo que soy corredora, que puedo ser más ligera, más veloz? Probablemente este pensamiento no cambie en nada mis tiempos, que por otro lado no es que sean para mí lo más importante; vivo el running como una actividad que quiero que me acompañe durante toda la vida, por lo que si mejoro mis tiempos en una carrera es estupendo, pero mi verdadera victoria es realizarla y más aún, entrenarla.

Aun así, marcarme un objetivo me ayuda a centrarme en los entrenamientos, incluso en las tiradas relajadas de los fines de semana. Si durante mis primeros años corriendo mi gran objetivo ha sido básicamente correr, en esta nueva etapa quiero sentirme corredora. No hay corredores populares de primera y de segunda, todos compartimos zancadas, cansancio y subidón tras entrenar. El camino que compartimos no nos etiqueta, por lo que no debo ser yo la que me denomine como una corredora peor.

Desde hoy, pienso que soy mejor. Es hora de que nos queramos más. Y correremos y viviremos mejor.


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