Terry Fox: la inspiración que todo corredor necesita

Por Luis Miguel del Baño para carreraspopulares.com

Era un 12 de abril de 1980. Terry Fox se acercó a la orilla del Océano Atlántico, en Terranova, Canadá, y allí mojó su pierna protésica. Además, también llevaba dos botellas de agua que llenó. Una la quería guardar para él. La otra, la quería verter el el Océano Pacífico, a unos 8.000 kilómetros de distancia. Ese mismo día comenzaría a correr un maratón diario hacia su punto de destino, la Columbia Británica, al otro extremo de Canadá.

Una hazaña increíble. En realidad parecía toda una locura, aunque había un detalle que hacía que su reto no fuera digno de un loco, sino de un soñador: Terry tenía una pierna protésica. Había sufrido una amputación tras un osteosarcoma. La razón de su reto era bien clara: la esperanza.


El reto de Terry


Terry había sido un adolescente deportista. En 1979, cuando tenía 21 años, vio cómo los médicos le tenían que amputar su pierna a causa de un cáncer de huesos. A partir de ahí, comenzó un calvario de quimioterapia y sesiones de recuperación.

Él siempre tuvo claro que debía seguir adelante, pero le angustiaba ver cómo había gente que no podía recorrer el mismo camino que él, gente que no tenía fuerzas y que había perdido la esperanza o que no tenía un tratamiento adecuado. De hecho, escribió estas líneas para describir lo que le impulsaba a cambiar las cosas:

“Pronto me di cuenta de que [el tratamiento] sólo sería la mitad de mi misión, porque en los dieciséis meses durante los cuales me sometí a la terrible experiencia de la quimioterapia, física y emocionalmente agotadora, me vi duramente sacudido por las sensaciones que me rodeaban y pervivían en la clínica de cáncer. Contemplé rostros que exhibían sonrisas valientes y otros que habían renunciado a sonreír. Presencié sentimientos de negación esperanzada y sentimientos de desesperación. Mi misión no sería egoísta. No podía irme de ahí sabiendo que esos rostros y sentimientos seguirían existiendo, aun cuando yo estuviera libre de mi cáncer. El sufrimiento tiene que detenerse en algún lugar, y yo estaba decidido a llegar al límite por esta causa.”

Por ello, decidió que debía hacer algo grande para cambiar las cosas. Algo que llamara la atención y sacudiera a las personas. Decidió que recorrería Canadá entera para crear conciencia sobre la enfermedad. Cada día la distancia de un maratón, para alertar sobre el cáncer y conseguir recaudar fondos para investigar.

Su primer maratón

Fue así como a mediados de febrero de 1979 comenzó su entrenamiento y para agosto ya estaba preparándose para una maratón en Prince George, en Columbia Británica.

Su protésico le construyó una prótesis utilizando un amortiguador, pero a Fox no le gustó este nuevo dispositivo y decidieron volver a una pierna protésica más tradicional, aunque con algunas modificaciones para afrontar carreras de larga distancia. A pesar de las modificaciones, el resultado era inusual, ya que tenía que saltar dos veces sobre su pierna izquierda —la amputada era la derecha— por cada paso que daba con la pierna artificial. El entrenamiento fue muy duro, ya que la presión adicional que ejercía, tanto en su pierna izquierda como en su muñón, le provocaba hematomas, ampollas y un dolor intenso. También se dio cuenta de que después de aproximadamente veinte minutos de carrera traspasaba el umbral del dolor y podía continuar la carrera sin pensar en él.

Terry llegó el último en este primer maratón al que se inscribió. Traspasó la línea de llegada a unos diez minutos de diferencia de su antecesor. Pero consiguió exactamente lo que quería: se dio cuenta de que era capaz de correr 42 kilómetros. Ahí tuvo claro que arrancaría su reto. Tenía 8.000 kilómetros por delante.


El Maratón de la Esperanza

Ese fue el nombre que adoptó para su hazaña: el Maratón de la Esperanza.
Su amigo Doug lo apoyó en su empresa, encargándose de conducir la autocaravana que le seguía. La empresa Ford había donado el vehículo, una empresa de combustibles, la gasolina, y Adidas, el material deportivo. Fox les pidió que lo donaran a cambio de ninguna contrapartida, solo de apoyar su lucha para recaudar fondos contra el cáncer. Y así lo hicieron.

Comenzaba a correr todos los días justo antes del amanecer, equipado con un pantalón corto y una camiseta. Su prótesis era plenamente visible, sin ningún intento por ocultarla. Generalmente terminaba la sesión de mañana a las ocho, y descansaba tres horas. Se dejaba unas 10 o 12 millas para la tarde, ya que tenía que ir haciendo descansos continuamente. Una vez acababa su maratón diario, se iban al pueblo más cercano, donde daba charlas o trataba de concienciar a la gente y un representante de la Sociedad Nacional Contra el Cáncer de Canadá, recogía donativos contra el cáncer.


El momento en el que todo cambió

Los primeros días de su reto, Terry se enfrentó a una climatología complicada, con temporales de viento y lluvia. La situación cambió al llegar a la localidad de Port aux Basques (Terranova). Allí el tiempo comenzó a mejorar, pero le llamó la atención sobremanera lo que hicieron sus habitantes.

Los 10.000 ciudadanos de este pueblo donaron cada uno 1 dólar. 10.000 dólares en total. En ese momento, pensó que podría conseguir mucho más de lo que había pensado, pensó que podría conseguir 25 millones de dólares, justo un dólar por cada habitante de Canadá.

A partir de ahí, su historia estalló. Numerosos empresarios se sensibilizaron por lo que estaba haciendo. Entre ellos, uno que consiguió dar un buen giro a su recaudación, Isadore Sharp.

Sharp era el dueño de la cadena de hoteles Four Seasons. Su hijo había muerto a causade un melanoma unos años antes, y decidió donar dos dólares por cada milla que recorriera. Pero Sharp trató de convencer a otras 999 empresas para que hicieran lo mismo. Además, puso a disposición de Terry todos sus hoteles para que durmieran en ellos cuando llegaran a una ciudad.

La hazaña de Terry iba causando furor. Cada vez que llegaba a un pueblo le recibían cientos de personas en las calles. Se convirtió en una celebridad nacional, todo el mundo le apoyaba allí por donde fuera. Cuando llegó a Ottawa, le recibió el Primer Ministro, con quien se hizo una simpática fotografía con ambos enseñando su pierna (la prótesis en el caso de Terry).


El golpe

El día 1 de septiembre de 1980, Terry sufrió un ataque de tos durante su carrera. Fue un ataque de tos que no se le pasaba. Le dolía el pecho, y tuvo que parar en el arcén ante la mirada de decenas de personas que se habían congregado para seguirle.

Unas cuantas millas después, debido a la dificultad que sentía para respirar y al dolor en el pecho, que no disminuía, le pidió a su amigo Doug que lo llevara a un hospital. Al día siguiente, al borde de las lágrimas, y junto a sus padres, que habían llegado en cuanto supieron lo ocurrido, Fox ofreció una rueda de prensa en la que anunció que su cáncer había vuelto y se había extendido a sus pulmones.

Tuvo que abandonar el maratón después de 143 días y 5373 kilómetros. Fox volvió a su casa, para comenzar de nuevo el tratamiento en el Royal Columbian Hospital. Tuvo numerosas muestras de apoyo, incluso un equipo de hockey sobre hielo le ofreció acabar ellos su hazaña, pero él se negó, pensando en que lo conseguiría tarde o temprano.

En los meses siguientes, Fox fue sometido a varios tratamientos de quimioterapia, pero el cáncer continuó extendiéndose. La sociedad siguió su evolución, incluso el Papa Juan Pablo II se interesó por su estado.

El domingo 28 de junio entró en coma y falleció con su familia a su lado.


Con honores

El gobierno de Canadá ordenó izar a media asta todas las banderas del país, un honor reservado para personajes ilustres. Además, su funeral fue retransmitido para todo el país, y cientos de localidades de Canadá oficiaron mismas en su honor. Los canadienses inundaron las oficinas contra el cáncer de donativos. Aún hoy se le recuerda como alguien que consiguió cosas extraordinarias porque creía en ello. Alguien que consiguió cambiar a un país porque tenía esperanza.

Página web oficial de Terry Fox: www.terryfox.org
Vídeos de Terry Fox: Aquí // Aquí

Fuente: Noticias.ca, Wikipedia, Terryfox.org


SOBRE EL AUTOR

Luis Miguel del Baño
Periodista



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