El delicado equilibrio del running

Por carreraspopulares.com - 16/04/2019

Hemos elegido una actividad deportiva que nos trae muchas satisfacciones, eso está claro. También algún que otro dolor de cabeza. Por lo general, correr es muy fácil, sólo te atas las zapas y a la calle. Pero en realidad, aunque no siempre nos damos cuenta, seguir con nuestros entrenamientos y con el día a día, requiere de un equilibrio perfecto, de que todo esté como tiene que estar.

Corremos para disfrutar, pero nos gusta sufrir

En esta dualidad, tenemos que decir, nos sentimos muy cómodos los runners. Nos encanta correr, cuando hablamos de las carreras o los entrenamientos casi siempre lo hacemos destacando cosas positivas. Pero también lo pasamos mal. Llevamos la respiración y la resistencia muscular casi al límite. Llegar cerca de nuestros límites nos gusta y, aunque hay quien tolera mejor el sufrimiento, se podría decir que hay un pequeño regusto a victoria cuando somos capaces de superar los malos momentos.


Entrenar fuerte pero no sobreentrenar

Cuando estamos en una fase en que queremos cumplir un reto, nos enfrentamos a uno de los equilibrios más delicados que existen y para el que es muy difícil conocer la respuesta. ¿Cuánto debo exigirme sin pasarme de la raya? No hay otra forma para mejorar que no sea someter al cuerpo a situaciones que le cuesten. Correr una serie 5 segundos por debajo de lo habitual nos hace sentirnos poderosos. Y tras un entrenamiento que nos deja “para el arrastre”, estaremos más fuertes cuando el cuerpo se recupere. Nos tenemos que exigir pero si nos pasamos, acabaremos lesionados. Por eso es importante conocernos bien y saber qué grado de exigencia debemos tener con nosotros mismos para seguir progresando sin poner en riesgo nuestra musculatura.

Alimentarnos bien, pero sin coger peso

Otro tema de difícil respuesta: el de la dieta del corredor. Por el volumen de ejercicio que hacemos y el gasto calórico, lo lógico es que se imponga una dieta alta en calorías (lo más saludables posibles), y en proteínas, para ayudar al músculo a recuperarse después de cada entrenamiento. Nuestra ingesta de calorías debe ser mayor a la de una persona más sedentaria, de hecho lo normal es que en épocas fuertes de entrenamiento tengamos mucha hambre y haya que intentar hacer más comidas a lo largo del día. Si nos quedamos cortos en la “gasolina” podemos tener problemas para aguantar un ritmo alto de entrenamientos. Pero siempre con cuidado de no excedernos, ya que mantener un peso bajo es fundamental para rendir bien en carrera.


Llevar un ritmo alto en carrera, pero guardando fuerzas

¿Cómo encontrar nuestro ritmo perfecto de carrera para batir nuestras marcas? El ritmo perfecto es aquel que, siendo alto, nos permite mantenerlo durante todos los kilómetros que dura la prueba. Lo ideal es, si es posible, correr de menos a más. Si pecamos de conservadores, posiblemente no estemos exprimiéndonos lo que deberíamos y acabemos dando un rendimiento inferior para el que estamos entrenando. Pero si nos pasamos y vamos más rápido de lo que el cuerpo es capaz de mantener, podemos “petar” y entonces tampoco cumpliremos nuestro objetivo. Aquí tampoco hay fórmulas mágicas, sino que cada uno se conozca lo mejor posible y aprenda cuando puede exigirse y cuándo tiene que bajar el pistón.


Correr desestresa, pero el estrés es malo para correr

Por último, un tema que tiene que ver con la relación entre nuestra vida deportiva y personal. ¿Quién no ha sentido la maravillosa sensación de salir a correr después de un día duro de trabajo y notar cómo el cuerpo y la cabeza se van deshaciendo de esa sensación de nubarrones negros? Correr es una cura inigualable para el estrés. Pero, al mismo tiempo, una acumulación de estrés muy alta durante el día puede provocar una tensión muscular (y mental) que nos traiga consecuencias negativas, en forma de lesión. Es importante, entonces, que aprendamos a “descomprimir” poco a poco y que no nos pongamos a exigirle al cuerpo hasta que no se haya liberado de esas tensiones.



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