De vago a friki: la evolución del corredor popular

Por carreraspopulares.com

Puede que cuando leas este artículo ya tengas mucha experiencia corriendo. También puede ser que estés empezando en esto de correr. O que te estés planteando ya tu primer medio maratón. ¿Te has parado a pensar las fases por las que pasamos los runners populares? ¿Por cuántas has pasado tú?

Primero está la época pre-running. En esa época, el futuro runner todavía mira a la gente que corre como un bicho raro. Emplea expresiones como “correr es de cobardes” o “¿quién te persigue?”. También se plantea que vaya ganas de cansarse y de sudar en pleno verano, o de mojarse en invierno. Y puede que hasta le moleste que corten calles para que pasen las carreras en su ciudad.

Pero en algún momento, surge la “curiosidad runner”. Los comienzos de cada runner son diferentes entre sí y muy personales. Pero tienen algo en común: las dudas. La principal es si esto le acabará gustando. Tiene dudas sobre si el material que usa es el más adecuado, pero para los primeros días le vale cualquier zapatilla de deporte, pantalón y camiseta. Existe la variante de sudadera en las épocas invernales.

Esto mola. Así podríamos llamar a la siguiente fase. El corredor o la corredora se da cuenta que, poco a poco, va aumentando el número de minutos que dedica a sus carreras y empieza a disfrutar. Es una fase que se puede dilatar en el tiempo y que podríamos considerar superada cuando al correr el/la runner es capaz de oír sus propios pensamientos por encima de su respiración. Eso quiere decir que va por el buen camino.

Mi primera carrera. El punto de “no retorno” para un runner posiblemente esté en el momento en que corre su primera carrera. Cruzar tu primera meta hace que no quieras dejarlo. El tiempo que un runner tarda en cruzar su primera meta desde el momento en que por primera vez se calza las zapatillas es muy variable. Para algunos es muy cortos, de hecho puede que hasta se hayan saltado alguna fase anterior. Aunque los hay que pueden tardar años en correr su primera carrera. Pero podemos estar de acuerdo en que, una vez acabada, queremos más y más.

Quiero más. Otra fase, que se puede producir inmediatamente después de la anterior es la búsqueda de nuevos retos, distancias, terrenos... Cualquier cosa que sirva de estímulo a la hora de correr. Es el momento en el que nos peinamos los calendarios, buscando algo diferente, que nos lleve a conseguir la satisfacción que tuvimos en nuestra primera carrera.

Junto a esta fase anterior, o de manera aislada, se suele producir la llamada “marquitis”. Es ese momento en que lo único que nos interesa es saber a cuánto somos capaces de correr mil metros y cuando intentamos bajar nuestras MMP (mejores marcas personales). Este proceso puede tener una duración variable, y hay runners que son capaces de vivir continuamente en este estado de superación.

Una fase por la que no debería pasar nadie, pero que puede suceder, es la de las lesiones. En el momento en que caemos lesionados existe el riesgo de perder ese espíritu que nos ha impulsado a seguir corriendo. Durante una lesión, sobre todo si es importante, se nos pasa por la cabeza si es necesario pasar por esto para seguir corriendo, que no hay necesidad de sufrir. Pero la superación de una lesión es una prueba más para los verdaderos runners. Si no nos rendimos cuando nos viene una cuesta en el último kilómetro de una carrera, no lo vamos a hacer por una lesión. Es muy importante saber gestionar nuestras emociones en esos momentos.

Después de años de participar en carreras y de batir todas nuestras marcas, suele llegar una fase en la que entramos en la “madurez runner”. Que no tiene nada que ver con nuestra edad. Simplemente es ese momento en el que correr tiene recompensas por sí mismo. Que ya no necesitamos superar marcas ni cruzar metas para sentirnos bien. Tenemos tan metidas en el cuerpo esas sensaciones que el simple hecho de ponernos las zapatillas ya nos hace sentir bien.

Y por último, podemos mencionar la fase de experimentar con otros deportes. A veces, en nuestra búsqueda de nuevas emociones, nos pasamos a probar el ciclismo, la natación, el crossfit... En ocasiones para no volver. Hay runners que dejan, temporal o definitivamente, las zapas de correr porque han descubierto otros deportes que les hacen sentir bien o que van mejor con su estilo de vida. Pero, visto lo visto, estos casos no son mayoría. Lo normal es que, aunque practiques otro deporte, siempre guardes al running en un rinconcito de tu corazón y lo practiques de vez en cuando.

¿Qué tendrá el running para que no lo queramos dejar nunca?



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