Siete cosas que te pasarán si preparas un maratón y por las que no te tienes que preocupar

Por Luis Miguel del Baño para carreraspopulares.com

Son 42.195 metros, pero, sobre todo, son meses y meses de preparación intensa. Correr un maratón conlleva muchos sacrificios, pero también muchas alegrías. Más allá de los entrenamientos y el día de la carrera, nuestra vida se ve alterada por pequeños cambios, muchas veces anecdóticos, que volverán a la normalidad en cuanto cruces el arco de llegada.


Será más sencillo hacer la lista de lo que no te duele que la de lo que sí te duele. Te levantarás de la cama con los músculos fríos y, ¡ay, dolor en la rodilla!. Ya se pasa, pero, ¡uf, molestia en el gemelo, y en el tobillo también! Cuando las semanas de carga sean tan intensas el cuerpo se quejará. Es algo habitual. Puede que te duela la espalda en las tiradas largas, prácticamente cada centímetro de pierna y articulaciones tendrá su molestia, e incluso aparecerán rozaduras en lugares insospechados. Generalmente deberían ser cuestiones poco preocupantes, pero aún así debes controlarlas y es imprescindible que te vea un profesional de la salud. Los masajes de descarga y las visitas al fisioterapeuta deben ser una constante.

Descubrirás una nueva tonalidad en las uñas y dedos de tus pies. ¿Te imaginas que te dieran 20.000 pequeños golpecitos en alguna parte de tu cuerpo? ¿Y al día siguiente otros 10.000 más? Se resentiría, ¿verdad? Quizás apareciera un moratón y todo, ¿no es así? Pues lo que le pasa a los dedos (y, por prolongación, a las uñas) de tus pies. Prepárate para alguna que otra ampolla (las peligrosas ampollas, ojo con ellas), uñas doloridas o ennegrecidas o pieles levantadas. Los pies son la parte de nuestro cuerpo que recibe los impactos más serios. ¡Cuídalos porque los necesitas!

Tu nevera y despensa se llenarán de nuevos productos. Un día, al abrir la puerta del frigorífico verás un líquido azul. Algo no habitual en otras épocas del año. Son electrolitos que ahora consumes casi vía intravenosa. También verás ciertas frutas nuevas que no sueles consumir normalmente. Que si arándanos, que si plátanos, kiwi deshidratado, etc. Lo mismo en la despensa. ¿Avena? ¿Cereales de cuatro tipos? ¿Geles energéticos al lado de las galletas? ¡Cuidado no se equivoque alguien de tu familia!

Irás a coger un pantalón o una camiseta para correr y, ¡horror! ¡No te queda nada limpio! Las tiradas largas, los rodajes, las series. Hay semanas que entrenas cuatro, cinco o incluso seis días. Con ese ritmo, tu lavadora no da abasto. Cuando no tienes un par de pantalones esperando para lavar, tienes uno mojado y otros dos tendidos. Son gajes del oficio.


Te convertirás en una calculadora humana. De repente, sabrás cuánto se tarda en correr 100 metros a un ritmo de 5:00 minutos por kilómetro. O sabrás lo que se tarda en hacer 8 kilómetros a 6:30 minutos el kilómetro sin pestañear. Y así, con casi cualquier distancia. Los ritmos marcarán tu día a día de entrenamientos. Cuando hagas series, porque vas más rápido y son distancias cortas, y cuando hagas tiradas largas, porque te debes adecuar a unos ritmos concretos, siempre dedicarás un buen tramo de los entrenamientos a calcular metros, minutos, kilómetros, horas y segundos y todas sus combinaciones posibles.

Visualizarás la méta a todas horas. Esto es una de esas cosas geniales que les pasa a los runners y que es difícil de explicar al resto de mortales. La emoción te embargará en muchos de tus entrenamientos cuando te imagines cruzando la meta de maratón.Es posible que se te pongan los pelos de punta cuando pienses en ello o que se te salten las lágrimas. El caso es que, pensar en el final de un camino tan largo y lleno de tantos esfuerzos y sacrificios, te ayudará a seguir adelante.

Probarás cosas que no habrás probado nunca. Un día alguien te dirá que es muy bueno desayunar ´no sé qué cosa´, o que después de entrenar es genial beber algo que nunca te hubieras planteado. Harás estiramientos de músculos que no sabías ni que existían. La preparación del maratón es muy larga y da para mucho. Siempre cuando sean cosas (bien sean rutinas, estiramientos, vitaminas o alimentación) positivas y vengan avaladas con información fiable, puedes plantearte introducirlas ente día a día. Eso sí, altera tus planes lo menos posible. Es importante tener una hoja de ruta bien marcada y cambiarla lo menos posible.

SOBRE EL AUTOR

Luis Miguel del Baño
Periodista



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