El riñón en el corredor

Por Francisco Gilo para carreraspopulares.com

Durante el ejercicio se tiende a focalizar sobre los aspectos metabólicos y de rendimiento muscular dándose por descontado el normal funcionamiento de otros órganos. Uno de estos órganos es el riñón, que juega un papel crítico en el mantenimiento de la hidratación y el balance electrolítico, en la eliminación de desechos, y en la regulación del balance ácido-básico.

Los riñones juegan un rol esencial en el mantenimiento de la hidratación corporal y de la hemostasis de los fluidos corporales. En tal sentido, la función renal bajo la influencia endocrina y neural mediana por la osmolaridad así como por los receptores de volumen que responden a los cambios de volumen del agua corporal, es capaz de ajustar el volumen y la composición de la orina. Si el cuerpo se encuentra en una situación en la cual existe déficit de fluidos (Ej.: estado de deshidratación), se produce una reducción compensatoria en la producción de orina y la cantidad que se produce se haya extremadamente concentrada, presentando un color marcadamente amarillo. Opuestamente, si el ingreso de fluidos es excesivo o si el cuerpo se encuentra sobrehidratado, los riñones corrigen la situación mediante el incremento de la producción de orina. La misma resulta muy diluida y es de color amarillo muy claro.

La producción de orina de un adulto normal usualmente está entre uno y tres litros por día. Cuando es necesario se pueden excretar varios litros adicionales de orina por día así como disminuir su producción hasta medio litro diario. A nivel renal, específicamente en sus glomérulos, se filtran más de 200 litros de orina por día. Este volumen de filtración es necesario para eliminar grandes cantidades de desechos metabólicos y toxinas del cuerpo hacia la orina. Más del 99% de esta filtración es reabsorbida por el aumento de la absorción de agua y sales en segmentos proximales y distales de las nefronas; se produce reabsorción de agua pura exclusivamente en los túbulos colectores de las nefronas. Este fenómeno de reabsorción es mediado a nivel de los túbulos proximales por el flujo sanguíneo glomerular y a nivel de los túbulos distales por efecto de la aldosterona, que es una hormona producida por las glándulas suprarrenales en respuesta a la depleción de sal y de agua. A nivel de los túbulos colectores actúa la hormona antidiurética (vasopresina), que es producida por el cerebro en respuesta a la disminución del volumen de los fluidos que llegan al corazón y/o al incremento de la concentración del solutos en los fluidos extracelulares del cuerpo.

El ejercicio produce cambios significativos de la hemodinámica renal determinando modificaciones en la excreción de electrolitos y proteínas en la orina. El flujo sanguíneo renal efectivo parece reducirse en medida que aumenta la intensidad del ejercicio físico. El flujo sanguíneo renal absoluto es de aproximadamente de 1 L/min en reposo y puede disminuir a 200/300 ml durante el ejercicio máximo. Este fenómeno es el resultado de la desviación de la sangre de los lechos vasculares del área renal y esplénica (del bazo) hacia los músculos activos. El flujo sanguíneo renal relativo (expresado en % con respecto al gasto cardíaco) disminuye evidentemente durante el ejercicio mientras que el flujo sanguíneo renal absoluto se mantiene uniforme durante el reposo o en el ejercicio.

En el caso de un ejercicio vigoroso que se acompañe una pérdida marcada de fluidos, se produce un aumento de la reabsorción de agua y sal en los túbulos distales y proximales. La reabsorción adicional de agua que se produce en los túbulos colectores se debe a los niveles sanguíneos elevados de hormona antidiurética. Toda el agua y los electrolitos reabsorbidos del filtrado renal vuelven a los vasos sanguíneos.

Si bien la conservación del agua y electrolitos corporales son beneficiosos para el atleta, existe una equivocación acerca de su importancia cuantitativa. Debido a que la producción de orina en reposo es relativamente baja (aproximadamente 1.0 ml / min.) la cantidad máxima de agua que se puede conservar por los riñones durante el ejercicio es de tan sólo 30 a 45 ml/hr. Comparada con una pérdida típica de sudor de 1 a 2 L/h que se evidencia en los atletas, la cantidad de fluido renal que se ahorra resulta de muy poca relevancia. La real importancia del riñón se presenta en las 24 a 48 horas posteriores al ejercicio, sobre todo en términos de la recuperación de la deshidratación y en la restauración de los fluidos corporales.

Un cuadro de deshidratación severa asociado a un volumen sanguíneo bajo, puede determinar un flujo sanguíneo renal pobre así como un aporte escaso de oxígeno y glucosa, sobre todo a las células renales tubulares. Si no se mantiene un aporte mínimo de las sustancias antes mencionadas, se puede producir una lesión de las membranas celulares y determinarse además una depleción de las fuentes de energía dentro de las células tubulares. Cuando se presenta una pérdida marcada de fluidos corporales como en una hemorragia o una deshidratación severa (equivalente a una pérdida aguda de fluidos del 15% o más del peso corporal) puede manifestarse una condición clínica conocida como Necrosis Tubular Aguda, que puede determinar la imposibilidad de eliminar los productos de desechos corporales, trastornos electrolíticos así como insuficiencia renal aguda. Este cuadro clínico se puede autolimitar en el tiempo desapareciendo en pocos días o en algunos casos determinar una lesión renal permanente.

Con los niveles de deshidratación que presentan típicamente los atletas en condiciones competitivas, que están entre 6 a 8%, no conocemos si pueda existir algún efecto deletéreo de la deshidratación sobre el riñón. La posibilidad de alguna secuela negativa se ha planteado a partir de los estudios de los exámenes de orina en luchadores. Los resultados han demostrado la presencia de leucín-amino-peptidasa, que es una enzima que puede indicar lesión renal. Sin embargo, no se han realizado estudios longitudinales sobre este tópico. Una de las razones es que a menos que se produzca un fallo renal, es muy difícil evaluar en forma no invasiva y más precisa las alteraciones renales.

SOBRE EL AUTOR

Francisco Gilo
Licenciado en Medicina y Cirugía

www.temasmedicosdiversos.com


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