¿Vas en cola de la carrera? Sí, ¿y?

Por carreraspopulares.com

¿Alguna vez te has quedado, como espectador en la calle, a mirar pasar una carrera? ¿Y te has quedado hasta el final, hasta que ha pasado el último? Si lo has hecho, o si en las carreras habitualmente estás en las últimas posiciones, seguramente te has dado cuenta de una cosa: en la cola de la carrera se vive muy bien el ambiente de la carrera.

Ir los últimos tiene el mismo sabor a atletismo que tienen las primeras posiciones. Aunque es fuente de discusión habitual, pues hay opiniones para todos los gustos. Siempre hay quien dirá que no merece la pena participar en una carrera si no vas a competirla o a ir a tope. Pero los que van detrás, no lo hacen porque no “sepan correr”. Que sepas, amigo, que es más bien al contrario.

Quien va en las últimas posiciones en una carrera, independientemente de la distancia, merece el mismo respeto que el campeón. Porque han pisado las mismas calles y se han tenido que enfrentar a las mismas dificultades. O tal vez más. Alguien puede ir en el “furgón de cola” porque lleva poco tiempo corriendo, porque sólo corre para divertirse y le dan igual las marcas o, simplemente, porque le apetece. Siempre que se haga con cabeza y no sea fruto de una indisposición o lesión que pueda ir a más, cada uno es dueño de su cuerpo y puede ponerlo a la velocidad que quiera.

Cualquier corredor en carrera merece su porción de gloria.
Cualquier corredor en carrera merece su porción de gloria.

¿Qué dice el reglamento de las carreras?

Igual que el código de circulación prohíbe ir a velocidades reducidas en algunas vías, el reglamento de cada carrera puede marcar tiempos mínimos de paso por algunos de los puntos de su recorrido o en la meta. Esto responde a varias razones: puede ser que la carrera quiere posicionarse como una carrera rápida, donde prime el espectáculo de los atletas que han ido a competir; o bien, puede responder a temas organizativos, pues detrás de la carrera hay una ciudad que tiene que recuperar la normalidad.

Evidentemente, somos libres de ir a la velocidad que queramos o podamos en una carrera. Pero si la normativa de la misma establece que, para seguir participando en ella, debemos cumplir unos mínimos, no nos queda más remedio que acatarlos. Si en algún punto no se llega en el tiempo establecido, es mejor aceptar la derrota e intentarlo en otra ocasión. Hay carreras, como el Maratón de Nueva York o el de Rotterdam, que no desmontan la meta hasta que no ha cruzado la última persona, tarde lo que tarde. El público y los voluntarios permanecen en sus sitios para honrar con la misma pasión a quien llegó primero y al que llegó último.

Pero, independientemente de las razones que nos lleven a esos puestos, la cola de la carrera es una fiesta. Muchas veces silenciosa, porque quien está peleando por seguir corriendo, o quien se ve obligado a parar de vez en cuando a recuperar aliento, posiblemente prefiera concentrarse en sus propias fuerzas. Pero también hay gente que prefiere ir en grupo, y lo hace para divertirse. Es gente que le da color a la carrera y que anima a los que lo están pasando un poco peor conforme avanzan los kilómetros.

Si algo hay en la cola de una carrera es felicidad. Y emoción. Puede que para algunos sea su primera carrera y estén consiguiendo algo que les ha costado mucho trabajo. También hay gente que lleva sin correr mucho tiempo por problemas físicos y para quien cada paso es una victoria. La próxima vez que vayas a una carrera, por favor, quédate si puedes hasta el final. Disfruta y anima a esa gente que lo está dando todo y más por participar en esa fiesta del atletismo que son las carreras populares.


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